martes, 30 de junio de 2009

CÓMO LEO

David Hamilton. Muchacha leyendo.
Hay libros primaverales que brotan en nuestra memoria cuando el aire empieza a tener efluvios de violetas, y tan cálidos de sol y de amor que no sería posible leerlos en otras estaciones. En invierno más bien serían tormento que compensación; en otoño nos ablandarían en la nostalgia.
Ciertos libros, heroicos, duros, ascéticos, tonificantes, hay que leerlos por la mañana temprano, cual si nos pusiéramos la armadura después de un baño helado. Y hay otros -pienso especialmente en ciertos poetas- que están hechos para ser leídos al anochecer, al lado de una ventana, en esa tibieza que deja el sol reciente, en esa hora que se presta a las primeras escaramuzas con la tristeza, a los recuerdos molestos que resucitan, como los fantasmas, al aproximarse la gran solemnidad de la noche.

Exposición personal
Giovanni Papini