viernes, 25 de septiembre de 2009

Teléfono

Emily Adans. Teléfono
Todo el mundo se queja de que nunca cojo el teléfono, ¡si ellos supieran! Pero claro, no saben, ignoran por completo las dimensiones de mi casa, la distancia que he de recorrer, los peligros que he de sortear por lograr descolgar el teléfono antes de que la llamada termine.
En primer lugar, debido al clima de la isla, las baldosas del largo corredor están siempre húmedas, más de una vez he resbalado sobre ellas y he quedado con el cuerpo magullado durante semanas. Luego está el tema de la luz cegadora que atraviesa los altísimos ventanales dejándome totalmente ciega corriendo desesperadamente cual posesa para capturar a tiempo la llamada, y para colmo los perros, esos extraños perros que siempre andan nerviosos, excitados con esa blanquecina mancha en la mirada, como de otro mundo, que de pronto se cruzan ante mí y aullán, aullán lastimeramente y todo el corredor es un eco multiplicado de sombras frías envolviéndome cual tela de araña, para que no llegue, para que nunca llegue, pero todo eso la gente lo ignora y llama y llama y cuanto más llama más peligra mi vida.

Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee
Julia Otxoa