miércoles, 3 de febrero de 2010

Comunidad

Bianca van Baast. La corriente.

Somos cinco amigos; cierta vez salimos uno detrás del otro de una casa; primero vino uno y se puso junto a la entrada; luego vino, o mejor dicho, se deslizó tan ligeramente como se desliza una bolita de mercurio, el segundo, y se puso no lejos del primero; luego el tercero, luego el cuarto, luego el quinto. Finalmente todos estábamos de pie, en una línea. La gente se fijó en nosotros y señalándonos decía: los cinco acaban de salir de esa casa. Desde entonces vivimos juntos y tendríamos una vida pacífica si un sexto no viniera siempre a entremeterse. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que ya es bastante; ¿por qué se introduce por fuerza allí donde no se lo quiere? No lo conocemos y no queremos aceptarlo con nosotros. Nosotros cinco, en verdad, tampoco nos conocíamos antes y, si se quiere, tampoco nos conocemos ahora, pero lo que es posible y admitido entre nosotros cinco es imposible e inadmisible en ese sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis. Por otra parte, qué sentido puede tener esta convivencia permanente, si entre nosostros cinco tampoco tiene sentido, pero nosotros ya estamos juntos y seguimos estándolo, pero no queremos una nueva unión, precisamente en razón de nuestras experiencias. Pero ¿cómo enseñar todo esto al sexto, puesto que largas explicaciones implicarían ya una aceptación en nuestro círculo? Es preferible no explicar nada y no aceptarlo. Por mucho que frunza los labios, lo alejamos empujándolo con el codo, pero por más que lo hagamos, vuelve siempre otra vez.

Traducción de Alejandro Ruiz Guiñazú

La muralla china
Franz Kafka

3 comentarios:

Ar Lor dijo...

Muy buena la estampa de cabecera, Higinio. Encaja con el sentido del relato. Kafkiano, sin duda.
Y esperemos que el "inmigrante", vuelva siempre otra vez.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Siempre encontraremos en nuestra VIDA alguien o algo que se nos meta por las narices, aún sin quererlo nosotros, y tendremos que soportarlo a disgusto. Es que LA VIDA está formada muchas veces, es decir, siempre, salvo escasas excepciones, por lo que nos viene impuesto, y no por lo que deseamos nosotros mismos, por mucho que insistamos en ello.

Auténticamente Kafkiano y real es el relato que nos presentas hoy, amigo Ar Lor.

Un abrazo,

Antonio

Ar Lor dijo...

Gracias Antonio. La entrada es de Higinio, con el que tengo el 100 por 100 igual y en el mismo lugar, del ADN físico. Somos iguales. Y en cuanto al ADN espiritual, el porcentaje se aproxima también al 100 por 100.
Y tienes razón, la vida se nos impone como una criada respondona, cuando creemos que somos los señores de la misma.
Un abrazo