domingo, 21 de febrero de 2010

Transhimalaya

Sven Hedin. Transhimalaya. 1ª edición en alemán, 1909.
En este punto, tan importante geográficamente, situado a 5165 metros sobre el mar, pasamos una tarde y una noche inolvidables. De pie, inmóvil, contemplaba el Indo saliendo del seno de un muro de rocas. Estático miraba aquel insignificante riachuelo serpentear por el valle y pensaba en los destinos que le aguardaban antes de que, entre paredes rocosas, haya cantado hasta el fin su rumorosa canción en constante crescendo, cuando, llegado al mar, en Karachi, los vapores cargan y descargan sus mercancías. Pensaba en su ruta infatigable a través del Tibet occidental, de Ladakh y Baltistán, frente a Skardo, donde los albaricoqueros de las orillas inclinan sus copas al paso de sus ondas; a través de Dardistán y Kuhistán, a lo largo de Peshawar y a través de la llanura del Punjab occidental, hasta anegarse finalmente en las olas cálidas del salado Océano, nirvana y puerto de eterno reposo de todos los ríos cansados. Allí, inmóvil, me preguntaba si tal vez el macedónico Alejandro, al cruzar el Indo dos mil doscientos años antes, había presentido dónde se hallaban sus fuentes y sentía una honda satisfacción al tener conciencia de que jamás, aparte los tibetanos, nadie más que yo había alcanzado este punto.

Transhimalaya
Sven Hedin

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