lunes, 8 de febrero de 2010

Una palabra nueva: Kuboa

Knut Hamsun, en su despacho. Foto de Anders Beer Wilse, 1929.
Volví a acostarme para tratar de dormir; pero, en realidad, para volver a luchar con las tinieblas. La lluvia había cesado fuera, y no se oía ningún ruido. Durante un rato presté atención a la calle y no descansé hasta oír los pasos de un transeúnte, un agente, a juzgar por el sonido. De pronto me puse a dar chasquidos con los dedos mientras soltaba la risa. ¡Era endiabladamente gracioso! ¡Ah! Creía haber encontrado una palabra nueva. Me incorporé y dije: "Esto no existe en el idioma, soy yo quien ha inventado ésta: "Kuboa". Tiene letras como una palabra. ¿Bondad divina, hijo mío, has inventado una palabra... "Kuboa"... de una gran importancia gramatical!" Veía claramente la palabra ante mí, en las tinieblas.
Permanecí con los ojos muy abiertos, asombrado de mi hallazgo, y reí de alegría. Luego empecé a hablar en voz baja, para que no me oyeran, porque quería guardar el secreto de mi invento. Había llegado a la completa locura del hambre, estaba vacío y no sufría, y ya no tenía las riendas de mi imaginación. Reflexioné silenciosamente. Con los más extraordinarios saltos de razonamiento, me puse a profundizar en la significación de mi nueva palabra. Nada le obligaba a significar "Dios" o "Tívoli", y, ¿quién había dicho que significaba "exposición de ganado"? Apreté violentamente el puño y repetí: ¿Quién ha dicho que significa "exposición de ganado"? Reflexionando bien, no era necesario que quisiera decir "candado" o "amanecer". A una palabra como aquélla no era difícil encontrarle un sentido. Esperaría, tendría paciencia. Entretanto, podía dormir.

Hambre
Knut Hamsun