sábado, 3 de abril de 2010

¡Y a mi también!

Fuente de las imágenes: Wikipedia. Composición propia.
Aforismos
Cuaderno D
(1773-1775)
(249)

Me gustaría haber tenido a Swift de barbero, a Sterne de peluquero, a Newton desayunando y a Hume tomando café.
Aforismos
(Edición de Juan del Solar)

Georg Christoph Lichtenberg

5 comentarios:

Ar Lor dijo...

Y a él, Lichtenberg, a la hora de la cena.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Ar Lor,

Muy interesantes los Aforismos de Lichtenberg. A mí me gustaría saber por qué esos cuatro personajes precisamente. No conozco ni a Swift ni a Sterne. Me imagino que Newton estaría absorto en sus pensamientos de Astronomía y cavilando por qué las manzanas se caen de los árboles y por qué los ríos corren hacia abajo y no al revés, y Hume haría lo propio con los temas de Filosofía: ensimismados ambos, como corresponde a un Científico que se precie.

Por lo que respecta a mí, me gustaría:

Desayunar solo, porque recién levantado no tengo ganas de hablar con nadie;

Comer con Séneca, para que me hablase de Filosofía;

Cenar con Catón el Viejo para que me explicase sus aventuras.

Todo ello, claro, al son de las melodías producidas por una orquesta dirigida por Johann Sebastián Bach.

Ya se me ocurrirán otras ideas.

Un cordial saludo,

Antonio

Ar Lor dijo...

Amigo Antonio
No has elegido nada mal, Séneca, Catón el Viejo y de fondo la música de Bach. Y además te reservas la hora del desayuno, para estar contigo.
En cuanto a la elección de Lichtenberg, se explica en que él se manejaba bien en ambos mundos, dominaba «las dos culturas ». Con respecto a Newton hay que señalar que sólo el 10% del tiempo de su genio, lo empleó en la matemática y en la física. Fue el último de los magos, su genio se empleó a fondo en la Alquimia, en las Medidas del Templo de Jerusalén, en descubrir la fecha de la creación del mundo a partir de la Biblia y en muchas otras cosas, que dichas en el desayuno, le «alegrarían el día» a uno, intelectualmente hablando, como diría Clint Eastwood, en Harry el sucio.
Un saludo, querido amigo Antonio

elena clásica dijo...

¡Qué precioso aforismo! Cuántas veces se me ocurre pensar cómo sería hablar con estos grandes y con tantos otros, algunos de hace siglos...
También pienso a veces en las personas que me rodean, tienen destellos geniales y tengo la suerte de compartir su vida.
A mí me gustaría desayunar, comer y cenar, bueno también pasear, tomar café y charlar mucho, muchísimo con Ar Lor, con Antonio Martín Ortiz, con Natalia Senmartí, con Isabel Romana, coon Dilman, con Pedro Ojeda, con CLST... son tan grandes...
Y tengo la fortuna de leerlos y "charlar" sobre tantas ideas y a de aprender y nos reímos juntos, ¡ah, qué bueno!

(Con Carmensabes ya lo hago, ja, ja)

Besazos.

Ar Lor dijo...

¡Es verdad! ¡Y charlar! Porque ver a un filósofo al que has invitado a comer, devorar las ostras (un día es un día), mientras permanece absorto en sus pesadumbres y cuando abre el pico es para decir: ¡más ostras! y después en el café, te acuerdas que tienes a Confucio, ¡y se te ha pasado por alto que no sabes chino,seguro que en ese momento, quieres estar con los amigos o amigas de siempre.
El plantel de personas que mencionas, empezando por ti, no tiene nada que envidiar a la selección de Lichtenberg y yo elijo una charla y cena alegre con todos ellos (el trabajo serio siempre se hace en el gabinete), antes que con Newton.
También es cierto que me considero el más endeble y el que menos puede aportar al conocimiento de los demás (no es retórica), muy preparados y brillantes todos, pues, salvo para mi perra pastor alemán, para la que soy sublime sin interrupción las 24 horas del día, para el resto de los mortales paso desapercibido.
Un beso, Elena y que tu hermana Carmen, vaya a la cena.