martes, 1 de junio de 2010

EL LOBO Y LA GRULLA

Fuente de la imagen: booksgoogle
Fábula IV
EL LOBO Y LA GRULLA.
Estando un lobo comiendo, se le atravesó, en la garganta un hueso; y viéndose en tal apuro, rogó a una grulla que pues ella tenia bien largo el cuello, le extrajera aquel hueso, prometiéndole por ello ricas dádivas: ella movida de los ruegos y de la promesa, le sacó el hueso, y después le pidió que le pagase su trabajo y cumpliese lo que le había prometido; pero el lobo le respondió: Necia, ¿no ha estado tu cabeza dentro de mi boca, de manera que he tenido tu cuello entre mis dientes? ¿no te parece bastante haber salido viva? ¿qué me pides pues ahora?
Esta fábula demuestra, que es inútil hacer bien a los malos, porque nunca se acuerdan del beneficio que reciben.
Fábulas de Esopo
Nuevamente traducidas por J.A (1849)

Esopo

11 comentarios:

El patio dijo...

Los hay así de cabrones, sin duda.
Las fábulas de Esopo son un pozo de sabiduría, pero el cierre con la moraleja dejaba insatisfacción. Yo que la grulla no me largo de allí sin un picotazo en el ojo, en cobro del engaño, y a volar, a ver cómo se las apaña el lobo para seguirme.

Ar Lor dijo...

¡Huy! Eso no es políticamente correcto.
Este asunto debería dirimirse en un tribunal del bosque, presidido por el animal más fuerte, para evitar las represalias, por ejemplo, el lobo mayor.

Gavilán dijo...

Ocasiones hay, querido Ar Lor, en que el favorecido no perdona el favor recibido.

Ar Lor dijo...

Que en concreto es el caso de esta grulla. Que tiene la fortuna de zambullirse en la garganta de un lobo y encima la desfachatez de reclamar las cosas prometidas, cuando cualquiera, puede ver que las promesas se hicieron con el ánimo de ablandar el duro corazón de la grulla, que no estaba dispuesta a ayudar sin recibir algo a cambio.
Te refieres a esto, Gavilán, ¿verdad?

Gavilán dijo...

A veces, Ar Lor, el favor supone en quien lo pide y lo recibe un peso difícil de llevar (cuán fácil es a veces ayudar y cuán dificil aceptar que has necesitado esa ayuda), al punto que se termina por odiar al benefactor. Por ahí iba lo anterior. Salud y larga vida, camarada.

Ar Lor dijo...

Qué denso estás, Gavilán, queda aclarado. No te suponía a favor del lobo.
Un beso.

Mª Angélica de Diego Dawson dijo...

Yo voto a favor del que dice:
quien no llora no mama - y eso que no es fiable en un 15% de las veces.
Que ya puedes estar hecho unos zorros o como una pasa, que no logras ná. Suele pasar con los que son muy duros de mollera, angelitos.

Higinio dijo...

Sin ánimo de polemizar en la fábula del lobo y la grulla yo pienso como Arthur Koestler que dijo:

"Si el Creador tuvo algún propósito al dotarnos de un cuello, seguramente fue el de que lo arriesgáramos".

Saludos y un fuerte abrazo a todos.

Mª Angélica de Diego Dawson dijo...

Ninguno puede escapar de esa sentencia, todos arriesgamos nuestro cuello en esta vida.
Como así hizo la gruya y el lobo. Uno se arriesgó a que le creyeran y el otro a riesgo de que así no fuera- puede caber esa posibilidad en la señora gruya- también lo hizo.

El Creador es un mar y tierra que su amor unió, tu, tu solo eres un río de brisa que a su paso enamora.
El cauce del río se puede secar. Y la mar y la tierra anegarse mutuamente. La mar no se arriesga por nadie ni la tierra, pero tu que eres el río que toda tu vida corrió por la tierra y va a la mar, arriesgas a la mar y pones en riesgo la tierra si tus aguas no son del mismo amor. Solo tu pones en riesgo y te arriesgas por esta vida.

elena clásica dijo...

¡Preciosa!

Me viene que ni pintado mi adorado, el ínclito José Martí, a ver qué te parece:

Hay una raza vil de hombres tenaces,
de sí propios inflados, y hechos todos,

todos del pelo al pie, de garra y diente;

y hay otros, como flor, que al viento exhala
en el amor del hombre su perfume.

Como en el bosque hay tórtolas y fieras
y plantas insectívoras y puras
sensitivas y clavel en los jardines.

De alma de hombres los unos se alimentan;
los otros su alma dan a que se nutran
y perfumen su diente los glotones,
tal como el hierro frío en las entrañas
de la virgen que mata se calienta.

Un tono muy diferente al de Esopo, pero igualmente clarividente, pienso yo.

Besazos, querido Ar Lor.

Ar Lor dijo...

El poema es duro como una pared y viene pintiparado.
Un beso Elena