miércoles, 2 de junio de 2010

Pan

Knut Hamsum. Pan. Editorial Ercilla, 1936

Acaso sea presunción mía creer que poseo el don de leer en las almas de los otros, mas a veces -sin que esto quiera decir que me crea una inteligencia excepcional- percibo los pensamientos ajenos con clara exactitud. Me ha pasado muchas veces, igual con mujeres que con hombres, adivinar por los movimientos de sus ojos y aun por su quietud misma, la secreta actividad de su meditación. A veces, al sentirse observados, un rubor tenue les sube a las mejillas y, sin lograr apartar de mí furtivas miradas inquietas, figuran poner la vista en otra parte. Tal juego me es ya conocido, y la intranquilidad de los observados sería mayor si pudieran saber que ni una sola de sus ideas, ni siquiera de esas que son a manera de estrellas fugaces de la mente, dejan de reflejar su conocimiento en mi mente. Tal vez el fenómeno no se realice con cabal intensidad y exactitud, pero el caso es que desde hace tiempo noto en mí la facultad de juzgar a los otros por algo más que por sus palabras.

Pan
Knut Hamsum