sábado, 18 de septiembre de 2010

Elogio de la ociosidad

Fuente imagen:rottentomatoes
Elogio de la ociosidad
En un mundo donde nadie sea obligado a trabajar más de cuatro horas al día, toda persona con curiosidad científica podrá satisfacerla, y todo pintor podrá pintar sin morirse de hambre, no importa lo maravillosos que puedan ser sus cuadros. Los escritores jóvenes no se verán forzados a llamar la atención por medio de sensacionales chapucerías, hechas con miras a obtener la independencia económica que se necesita para las obras monumentales, y para las cuales, cuando por fin llega la oportunidad, habrán perdido el gusto y la capacidad. Los hombres que en su trabajo profesional se interesen por algún aspecto de la economía o de la administración, serán capaces de desarrollar sus ideas sin el distanciamiento académico, que suele hacer aparecer carentes de realismo las obras de los economistas universitarios. Los médicos tendrán tiempo de aprender acerca de los progresos de la medicina; los maestros no lucharán desesperadamente para enseñar por métodos rutinarios cosas que aprendieron en su juventud, y cuya falsedad puede haber sido demostrada en el intervalo.
Elogio de la ociosidad
Bertrand Russell

3 comentarios:

Carmen López dijo...

Vaya, parece que últimamente a todos nos da por elogiar la ociosidad. Debe de ser que trabajamos demasiado, o que nuestro tiempo de ocio es más bien un tiempo de aburrimiento.

Saludos.

Ar Lor dijo...

Algo de eso hay. Viene la entrada de un comentario en el blog del náuGrafo (el tuyo mal interpretado por una comentarista, por cierto) y de que esta mañana al comprar los periódicos, sobre el mostrador estaba un librito de artículos de Russell, titulado Elogio de la ociosidad. Como se trata de uno de los hombres que más admiro en el mundo, no hacía falta ya ningún empuje más del azar, para que en un zis zas, pasase de las musas al blog.
Y hablando del ocio, el ocio surge siempre de la panza llena. Gracias a los excedentes de alimentos, de las Grandes civilizaciones fluviales, surgió la cultura (incluida la religión), antes, en épocas cavernarias, el arte apareció durante el crudo invierno, cuando la despensa estaba llena.
Hoy el cómo se llene el ocio, practicamente privilegio de todas las clases sociales, depende de lo que se tenga en la despensa que hay encima de los ojos.

elena clásica dijo...

El tiempo es oro, qué gran verdad. Si bien es cierto que a veces se nos olvida el arte de la alquimia.
Me gustan especialmente las palabras de Rusell relativas al amor hacia la profesión de uno, la entrega, el cariño y el esmero que con las horas necesarias para poder ejercerlo mejor hacen que haya personas enamoradas de su labor pues es su vocación.
Te envío un gran abrazo, Ar Lor.