viernes, 15 de octubre de 2010

Recapitulación

William Somerset Maugham. Foto de Alfred Eisenstaedt, 1944.

Muy pronto fui consagrado. Había publicado ya una novela, y había alcanzado un éxito inesperado. Creí que mi fortuna ya estaba hecha, abandoné la Medicina para dedicarme definitivamente a la literatura y me fui a España. Tenía, entonces, veintitrés años. Era mucho más ignorante, o al menos así lo creo, de lo que lo son en la actualidad los jóvenes a esa edad. Me establecí en Sevilla. Me dejé el bigote, fumaba cigarros filipinos, aprendí a tocar la guitarra, me compré un sombrero cordobés con el que me paseaba por la calle de las Sierpes y también deseaba adquirir una capa adornada con terciopelo verde y rojo. Pero era demasiado cara y no me la compré. Cabalgaba por los alrededores de la ciudad en un caballo que me había prestado un amigo. La vida era demasiado atractiva para permitirme una dedicación íntegra a la literatura. Mi plan consistía en pasar un año allí hasta que hubiese aprendido el español, y luego, ir a Roma, que sólo conocía en plan de turista, y perfeccionar mis superficiales conocimientos de italiano, tras lo cual proyectaba hacer un viaje a Grecia, donde me proponía aprender la lengua hablada como un primer intento en el estudio del griego clásico, y, por fin, trasladarme a El Cairo y aprender el árabe. Era un programa ambicioso, pero celebro no haberlo llevado a cabo. En efecto, fui a Roma (donde escribí mi primera obra de teatro), pero, luego, regresé a España, porque me había ocurrido algo que yo no había previsto. Me enamoré de Sevilla y de la vida que allí se vive, y también de una jovencita de ojos verdes y alegre sonrisa (aunque esto último se me pasó pronto), y no podía resistir la vida lejos de allí.Volví a España año tras año. Me paseaba por las calles blancas y silenciosas y a lo largo de las orillas del Guadalquivir. Vagaba por la catedral. iba a los toros y hacía el amor a preciosas criaturas cuyas exigencias estaban al alcance de mis medios económicos. Era delicioso vivir en Sevilla en la flor de la juventud. Así, pues, aplacé mi plan educativo para mejor ocasión. El resultado de ello ha sido que sólo he leído la Odisea en inglés, y que jamás he logrado satisfacer mi ambición de leer Las mil y una noches en árabe.

Recapitulación
William Somerset Maugham