lunes, 18 de abril de 2011

Con vidrio de aumento

Manuel Mujica Lainez, fotografiado por Aldo Sessa.

Cuando Archivaldo llegó al gran hotel del balneario de moda, los que allí se aburrían con elegancia se dedicaron a analizarlo. El primer día murmuraron: "Es un snob", porque usaba monóculo y hablaba en francés con el camarero catalán. El segundo día pensaron: "Es un artista", porque se detuvo diez minutos más de los reglamentarios mirando al mar. El tercero dijeron oficialmente: "Es un idiota", porque no sabía jugar al bridge.

¿El Ideal? En realidad, tanto se ha escrito sobre este tema, que queda bien poco que decir. Desde el venerable fakir, cuya suprema aspiración es pasarse los día enteros con los brazos en cruz, en muda contemplación, hasta el joven rubio de voz aflautada que cifra sus más altas aspiraciones en vestir bien, ¡cuántos y cuántos ideales se escalonan!
Por mi parte, yo creo que -para mí- el Ideal debe ser poder entrar en casa del anticuario ilustre, señalar con el bastón el objeto precioso que admiramos en la vidriera, murmurar: "Mándemelo usted a casa", y no saber nunca cuánto nos ha costado.

Cuentos inéditos
Manuel Mujica Lainez