jueves, 7 de julio de 2011

El entusiasmo

Bertrand Russell, fotografiado por Peter Stackpole en 1940.

¡Cuán extraordinariamente distintas son las actitudes de hombres diferentes para con su prójimo! Unos, a través de un largo viaje, no observarán en absoluto a sus compañeros, mientras que otros los analizarán de arriba abajo, perfilando sus caracteres, adivinando sagazmente su condición y tal vez descubriendo los secretos más ocultos de algunos de ellos. Hay unos que todo lo encuentran aburrido, otros que con la mayor facilidad y rapidez entablan amistad con las personas con quienes se ponen en contacto, a menos que exista alguna razón poderosa para lo contrario. Hablemos nuevamente de viajes; unos recorrerán muchos países, yendo siempre a los mejores hoteles, comiendo lo mismo que comerían en sus casas, encontrándose con los mismos ricos ociosos en todas partes, hablando de los mismos tópicos de los que hablan en la mesa de su casa. A la vuelta, su única impresión es de descanso por haber acabdo con el fastidio de una locomoción cara. Hay otros que adondequiera que vayan ven lo que es característico, se ponen en contacto con las gentes típicas, observan lo que es de interés histórico o social, comen los alimentos del país, aprenden sus maneras y su idioma y vuelven a su casa con un nuevo bagaje de recuerdos agradables para las noches invernales. En todas estas situaciones el que tiene gusto por la vida lleva ventaja a quien no la tiene.

Traducción de Julio Huici Miranda

La conquista de la felicidad
Bertrand Russell