martes, 23 de agosto de 2011

La vibración del vacío

Renato Casaro. Siroco.

El desierto... Misterioso, inquietante. Bajo su aparente infinitud, un mundo rico y variado se revela a quien se da el tiempo necesario para contemplar, comprender, observar.
Frente a la inmensidad, el viajero ávido de sensaciones siente su propia pequeñez antes de que la grandeza del paisaje penetre en él. Rodeado por la suavidad sensual de las dunas, semejantes a cuerpos enlazados que la luz cambiante del día y de las estaciones tiñe con diferentes matices de ocre, de gris, y de blanco, el viajero desearía recostarse un instante antes de proseguir su camino hacia otras formas, otros colores. Cortantes como cuchillos que atraviesan el espacio, las duras superficies rocosas que suavizan diversos tonos de rosa y de parma erigen sus relieves lunares en visiones donde se confunde lo real con lo imaginario.
Pasan hombres como sombras. ¿De dónde vienen, a dónde van?
Son los hombres azules,los señores del Sahara nimbados de misterio, cuyo deambular nómada de oasis en oasis ha despojado de todo lo superfluo.

Traducción: El Correo de la Unesco (1994)

La vibración del vacío
Mona Zaalouk