miércoles, 10 de agosto de 2011

Una de las rarezas humanas

Walt Whitman, en 1869. Fuente: Wikimedia Commons.

¿Cómo es que en medio de la serenidad y aislamiento de la soledad, en medio del sosiego de la floresta -o como lo observé en las praderas salvajes o en la quietud de las montañas- uno nunca se libra totalmente del impulso que le lleva a mirar a su alrededor (yo nunca lo consigo y otros me confiesan lo mismo) en espera de que alguien aparezca, surja de la tierra, detrás de algún árbol o roca? ¿Es un resabio de la actitud alerta del hombre primitivo, de los animales salvajes o de sus remotos antecesores salvajes?. No es nada nerviosidad o miedo. Parecería como si algo desconocido pudiera ocultarse en esos bosques o lugares solitarios. ¡Oh!, hay casi la incertidumbre de que en ellos se encuentra alguna presencia invisible.

Traducción de Francisco J. Herranz.

Días ejemplares de América
Walt Whitman