martes, 27 de septiembre de 2011

Arabesco

Herbert Ponting. La Gran Muralla, 1907.

En medio de la niebla, enorme, majestuosa, terrible y en silencio, descollaba la Gran Muralla China. En soledad, con la indiferencia de la naturaleza misma, reptaba por la ladera de la montaña y se deslizaba por las hondonadas del valle. Amenazadoras, las adustas torres vigía, severas, cuadrangulares, seguían en sus puestos a cada intervalo fijo. Despiadada, pues fue construida a cambio de un millón de vidas y cada una de sus piedras ostenta la mancha de las lágrimas y la sangre del cautivo y del paria, se abrió su siniestro camino en un mar agreste de escarpadas montañas. Intrépida prosiguió su viaje, legua tras legua, hasta las más remotas regiones de Asia en absoluta soledad, misteriosa como el gran imperio que custodiaba. En medio de la niebla, enorme, majestuosa, terrible y en silencio, descollaba la Gran Muralla China.

Traducción de Miguel Martínez-Lage

En un biombo chino
William Somerset Maugham