lunes, 30 de enero de 2012

Escritos de un salvaje

Paul Gauguin. Cuentos bárbaros.

Por lo que a mí se refiere, mi decisión está tomada; me voy dentro de un tiempo a Tahití, una pequeña isla de Oceanía en la que la vida material se resuelve sin dinero. Allí quiero olvidar todo lo malo del pasado y morir ignorado a todos los de aquí, libre de pintar sin gloria para los demás (...). En Europa se prepara una época terrible para la próxima generación: el reino del oro. Todo está podrido, los hombres, el arte. Es un continuo desgarramiento. Allí, por lo menos, bajo un cielo sin invierno, en una tierra maravillosamente fértil, el tahitiano no tiene más que levantar la mano para coger su alimento; no trabaja nunca. Mientras que en Europa, hombres y mujeres obtienen la satisfacción de sus necesidades después de un trabajo agotador, mientras se debaten en las convulsiones del frío y del hambre, víctimas de la miseria; los tahitianos, por el contrario, felices habitantes de los paraísos ignorados de Oceanía, sólo conocen las dulzuras de la vida. Para ellos la vida consiste en cantar y amar (...). Así pues, una vez organizada mi vida material, allí podré dedicarme a las grandes tareas del arte, al margen de todas las envidias artísticas, sin ninguna necesidad de tráficos envilecidos. En el arte, el estado de ánimo representa las dos terceras partes; así pues, hay que cuidarlo si se quiere hacer algo grande y duradero (...).
(Bretaña, finales de 1890)

Traducción de Margarita Latorre

Escritos de un salvaje
Paul Gauguin