sábado, 4 de febrero de 2012

El rumor y la historia

Joop Moesman. El rumor (1941).

Los emperadores de la antigua Roma sentían esta plaga del rumor, y tanto que llegaron a nombrar delatores, cuya misión era la de mezclarse con la "gente de la calle" y llevar al palacio imperial la voz del pueblo. Los chismes del día se consideraban excelente barómetro de los sentimientos populares. Llegado el momento, los delatores se veían en la necesidad de lanzar una contraofensiva de rumores de su propia colección. ¡La guerra psicológica no es tan moderna!
El episodio del incendio de Roma en el año 64 de nuestra era nos proporciona un ejemplo interesante. Según el análisis que Chadwick ha efectuado de las pruebas, la plebe admitió y difundió el rumor de que Nerón, soberano por cierto no muy popular, si no había iniciado él mismo la conflagración había por lo menos cometido la aberración de deleitarse con el bárbaro placer de componer una oda a las llamas devoradoras. De nada le valió a Nerón el hecho de que el rumor fuera infundado. En defensa propia, echó mano del recurso del "contrarrumor", haciendo circular la voz de que los cristianos, aun más aborrecidos que su propia persona, habían prendido fuego a la ciudad. Esta versión resultó en verdad aún más afín a los prejuicios y temores corrientes. Bien podía ser "cosas de cristianos", de los aborrecidos cristianos, un acto de esa naturaleza, y así se volcó de pronto sobre estas víctimas expiatorias la furia de la plebe, olvidando de momento su hostilidad para con Nerón.

Traducción de José Clementi

Psicología del rumor
Gordon W. Allport, Leo Postman