viernes, 24 de febrero de 2012

Los apuntes de Malte Laurids Brigge

Stop Wengenroth. Her Majesty. Su Majestad (1975).

¡Oh, qué suerte feliz, sentarse en el cuarto tranquilo de una casa heredada entre cosas claras, tranquilas, bien posadas y escuchar fuera, en el jardín ligero, verde-claro, los primeros pájaros que se ensayan y, en la lejanía, el reloj de la aldea! Sentarse y mirar un tibio trecho del sol de la tarde y saber mucho de las muchachas antiguas y ser poeta. Y pensar que yo también hubiera sido un poeta así, si hubiera podido vivir en algún sitio, en alguna parte del mundo, en una de las muchas casas de campo cerradas, de las que nadie se preocupa. Hubiera necesitado un solo cuarto (el cuarto claro en la torre). Allí dentro, hubiera vivido con mis viejas cosas, los libros. Y habría tenido una butaca y flores y perros y un bastón fuerte para el camino pedregoso. Y nada más. Sólo un libro encuadernado en cuero amarillento, marfileño, con un viejo dibujo de flores en el forro; en él habría escrito. Habría escrito mucho, porque habría tenido muchos pensamientos y recuerdos de muchos.
Pero ha sido de otro modo, Dios sabrá por qué. Mis viejos muebles se pudren en un granero, donde los he podido dejar, y yo mismo, sí, Dios mío, no tengo techo encima de mí, y me llueve en los ojos.

Traducción de José Mª Valverde

Los apuntes de Malte Laurids Brigge
Rainer Maria Rilke