sábado, 24 de marzo de 2012

Pasear

Giampaolo Ghisetti. Paisaje primaveral.

¡Dadme el océano, el desierto o las extensiones salvajes! En el desierto, el aire puro y la soledad compensan la falta de humedad y fertilidad. El viajero Burton dice al respecto: "La moral mejora; uno se vuelve franco y cordial, hospitalario y decidido... En el desierto, los licores fuertes estimulan sólo la repugnancia. Hay un gozo intenso en la mera existencia animal". Quienes han viajado mucho por las estepas tártaras dicen: "Al regresar a las tierras cultivadas, la agitación, la perplejidad y el torbellino de la civilización nos oprimía y sofocaba, como si nos faltara el aire, y a cada momento pensábamos que íbamos a morir de asfixia". Cuando quiero recrearme, busco el bosque más profundo, el pantano más denso, más interminable, y, para el ciudadano, el más deprimente. Penetro en el pantano como en un lugar sagrado, un Sancta Sanctorum. Allí estará la fuerza, la médula, de la Naturaleza. El bosque virgen cubre el mantillo, y la misma tierra es buena para el hombre y para los árboles. La salud humana requiere tantos acres de pradera para contemplar como carretadas de estiércol su granja. Es la fuerte sustancia de la que se alimenta. A un pueblo lo salvan tanto los bosques y pantanos que lo rodean como los hombres de bien que lo habitan

Traducción de Silvia Komet

Pasear
Henry David Thoreau