miércoles, 29 de agosto de 2012

El tres de septiembre

Giovanni Papini. Palabras y sangre. Portada de Álvaro.

El tres de septiembre salí de casa. Delante de ella se extendían campos, viñedos, árboles, secos barbechos, manchones de hierba. Las vides, cargadas de racimos, se reclinaban voluptuosamente contra los chopos, como las mujeres, con el pecho henchido de juventud, se apoyan en el hombre que aman. Todo el cielo se hallaba lleno de viento que hacía reír con lentos sobresaltos todas las hojas; de monstruos pardos que se estriaban lentamente en el azul; de montañas blancas que se desvanecían; del olor de la tierra húmeda y del maíz amontonado en la era.
Me dirigí hacia el río, a través del vuelo de las abejas negras, amarillas, bordoneantes. El agua era escasa, lenta y cenagosa. A pesar de esto, este río me causó placer. Caminando por la ribera, de cara al viento, hollando las mariposas inmóviles en el suelo, adormecidas por la puesta, llegué al vado. La barca me esperaba y, en un momento, me hallé al otro lado.
¿Por qué prefiero la otra ribera? ¿Por que allí son más tupidos los árboles y la hierba es más alta? Nada de eso. Yo amo los paisajes desnudos donde el sol se puede tender todo el día como un vagabundo. Amo, tal vez, esa otra ribera porque es la "otra", porque no es la mía; porque no es aquella a la que me veo obligado a volver todas las noches.

Traducción de Mario Verdaguer

Palabras y sangre
Giovanni Papini