sábado, 10 de noviembre de 2012

En todos los países

Theodore Robinson. El viejo puente, 1890.

EN TODOS LOS PAÍSES POR DONDE VAMOS HAY UN HOMBRE, SIEMPRE EL MISMO, EN CADA PUENTE DE RÍO, DE ARROYO O DE TORRENTERA
¿A qué se debe, dice Bet, que todo puente tenga su hombre? Casi siempre en medio del paso, como quien vigila, esperando la avenida o el regreso de los estorninos. O bien espiando al otro hombre, el del puente de más allá, atento a los mercaderes que pasan con sacos de plomos tarados y canelas espesas. Vuelven del litoral en donde las horas sestean.¿ A qué se debe, digo yo, que este hombre del puente, cubierto de polvillo fulguroso de corolas, sea el mismo en todas partes en donde le he visto? En Brujas, en Burdeos, en Milo o en Menorca, el hombre del puente, con capa milenaria y helechos por todas partes en donde la vista descansa, es el mismo, anhelante de vientos y de orajes. Allá en donde un puente con nieblas por solera, sale de la nada en una noche calurosa, allá, erguido, hay un hombre, más allá de él mismo, firme en la espera y duro, seguro del hallazgo. Bet, con polvillo de agua en los párpados, ha descendido paso a paso, por la escalera de mano apoyada en lo más alto-donde las tejas, de noche, se agrietan, ensangrentadas.Con voz antigua y palabras de ahora repetía: - Los puentes de río, de arroyo o torrentera, cancelan el tiempo.

Versión de Enrique Badosa

Aquí mismo
J. V. Foix