martes, 1 de enero de 2013

La felicidad

André Maurois. Sentimientos y costumbres.

¿Qué es la felicidad? Fontenelle, en su breve Traité de bonheur propone una definición: "La felicidad es un estado que se desearía no se alterara nunca". Es seguro que si pudiéramos hallar un estado tal de cuerpo y alma que nos hiciera pensar: "Quisiera que esto durase eternamente", o decir con Fausto al Instante: "¡Oh, quédate, eres tan bello!", seríamos sin duda dichosos.
Pero si se entiende por estado el conjunto de fenómenos que en un determinado momento ocupan la conciencia de un ser humano, su duración inmutable parece inconcebible. Incluso no podríamos percibirla como duración. ¿Cómo sería el tiempo sin cambios? ¿Y cómo se eliminaría el cambiar cuando muchos de los elementos que componen la soñada perfección son tan frágiles? Si es un ser, es mortal; si es la música, cesará; si es un libro, llegaremos al final. Podemos, si así lo deseamos, ansiar la duración sin cambios de un estado, pero a sabiendas de que es imposible y de que aun cuando fuera hacedero inmovilizar al instante, la dicha que nos proporcionaría tendería a la anulación, por el desgaste de la novedad.
Debemos, pues, distinguir entre los componentes del estado de felicidad, aquellos que sin alterarlo pueden cambiar, y aquellos otros que son necesarios y por sí solos suficientes para asegurar su duración. En una de las novelas de Tolstoi, Levine, que acaba de celebrar sus esponsales, sale por las calles de la ciudad y lo halla todo admirable: el cielo es más bello, los pájaros cantan mejor; el portero vejete lo mira con asombrosa ternura. Pero Levine, en aquel día, hubiera sido feliz en cualquier otra ciudad. Hubiera visto personas y cosas completamente distintas y también las hubiese hallado admirables. Lleva consigo la luz que lo hace todo tan bello, y es esta luz la esencia de su felicidad.
Lo que engendra la dicha no son los acontecimientos, ni los placeres, ni los espectáculos, sino un especial estado de ánimo que comunica a los sucesos su aliento, y lo que deseamos es la duración de ese estado y no la de los acontecimientos. ¿Es verdaderamente "interior" y no podremos reconocerlo por otros signos que por esa maravillosa transformación que opera en todas las cosas exteriores? Si suprimimos de nuestros pensamientos las sensaciones y los recuerdos, no queda sino un mudo vacío, inexpresivo e inexpresable. Aún reducida a un foco de vivo fuego, la visión del éxtasis místico es tan sólo visión. ¿En dónde hallar éxtasis puro de pura felicidad? Al igual que ciertos peces fosforescentes ven iluminarse las profundidades del mar y las algas y los monstruos marinos cuando se acercan, y no pueden percibir la movible fuente de tan luminosa belleza porque reside en ellos mismos, el hombre feliz observando en cosas y seres el resplandor de su felicidad, apenas y con trabajo llega a entrever la felicidad misma.

Traducción de Josita Hernan

Sentimientos y costumbres
André Maurois