lunes, 22 de abril de 2013

La mesilla como biblioteca

François Barraud. Le bibelot de Chine (1930). 

No suelen ser muchos. Más bien componen un racimo inclasificable. Incluso podrán no ser sino dos o tres. O simplemente uno. O lo que tampoco es infrecuente, ninguno. Sin embargo juntos forman una suerte de biblioteca fantástica, la compuesta esta vez no por todos los libros que existen o podrían existir, sino por cuantos desearíamos leer. Y a veces haber leído. Y esta distinción no es inocua.
Hay libros que nos gusta leer, hay libros que nos gustaría haber leído pero que no nos sentimos convocados a leer y hay textos que nos gusta leer y haber leido. Son textos que releeremos o, en caso de no hacerlo, que tendremos siempre con nosotros, en nosotros. En nuestra mesilla habitan más libros que los que se ven a primera vista. Llegan a componer una biblioteca breve que se entreteje con nuestra identidad, con nuestra voluntad de saber y de vivir, con nuestro deseo. Y, en su caso, con nuestra necesidad de olvidar. O de hacer memoria de quiénes somos y buscamos ser, tras un día azaroso de ocupaciones no siempre todas gozosas o exitosas. Esa biblioteca de mesilla también nos hace suponer que no nos reducimos a cuanto hemos vivido diariamente. Ella nos permite en efecto decir quizá con Séneca, al acabar la jornada, "Hoy he vivido". O tal vez tener el valor, la valentía, de ponerlo en cuestión.

Darse a la lectura (2012)
Ángel Gabilondo