viernes, 31 de mayo de 2013

Leer

Edouard Manet. El lector, 1861.

En relación con un escritor, la mayoría de los lectores creen en una suerte de Doble Moral: ellos pueden serle infieles tan a menudo como quieran, pero él nunca debe serles infieles a ellos.

Aunque una obra literaria se puede leer de varias maneras, este número es finito y admite un orden jerárquico; algunas lecturas son obviamente más "verdaderas" que otras, algunas son dudosas, otras obviamente falsas y otras, al fin, como leer una novela comenzando por el final, absurdas. Ésta es la razón por la que, en una isla desierta, es preferible tener un diccionario a la mayor obra maestra imaginable, pues, en relación con sus lectores, un diccionario es absolutamente pasivo y puede leerse legítimamente de infinitas maneras.

El placer no es ni mucho menos un guía crítico infalible, pero sí el menos falible.

Traducción de Jordi Doce

Los señores del límite
W. H. Auden