martes, 24 de septiembre de 2013

La muerte de Iván Ilich

Leónidas Pasternak. Retrato de León Tolstoi.

Iván Ilich se sentía morir y eso lo ponía en un estado de desesperación. Sabía que se estaba muriendo pero aún luchaba contra esa idea. En sus épocas de estudiante había aprendido el silogismo: "Cayo es un hombre; los hombres son mortales: por lo tanto Cayo es mortal" pero durante toda la vida le había parecido justo en tanto se refería a Cayo y de ningún modo lo había pensado aplicado a él mismo. Cayo era un hombre, el hombre universal y entonces sí era razonable el silogismo, pero él ni era Cayo ni era el hombre en general sino que había sido siempre distinto a todos. Él era el Vania de su mamá y de su papá, de su hermano, del cochero y de la niñera y habían sido muy suyas todas las alegrías y las tristezas de la infancia y de la juventud... suyas... de él... ¿Podía Cayo conocer el olor de la pelota a rayas tal como lo conocía él? ¿Había sido besado Cayo como la madre lo había besado a él, a Iván Ilich? ¿Había participado en las trifulcas de los pastelitos en la escuela? ¿Podía Cayo enamorar mujeres como él lo había hecho, podía dirigir las sesiones del modo como acostumbraba a hacerlo él? Era natural que Cayo fuese mortal y por lo tanto que se muriese. Pero él, Vania antes, ahora Iván Ilich, era diferente y como era distinto no se podía morir. Sería absurdo.

Traducción de Gustavo Hansen

La muerte de Iván Ilich
León Tolstoi (1828-1910)