martes, 3 de septiembre de 2013

Moby Dick

Lisel Ashlock. Moby Dick.

Capítulo CIV
A menudo oímos hablar de escritores que se engrandecen con su tema, aunque éste sólo pueda parecer harto común. ¿Qué me ocurrirá a mí al escribir sobre este leviatán? Inconscientemente, mi caligrafía se expande en mayúsculas de letreros. ¡Denme una pluma de cóndor! ¡Denme el cráter del Vesubio como tintero! ¡Sostengan mis brazos, amigos! Porque en el simple acto de escribir mis pensamientos sobre este leviatán, esos pensamiento me agotan, me consumen con la extensión de su envergadura, como si quisieran incluir todo el ámbito de las ciencias y todas las generaciones presentes, pasadas y futuras de ballenas, hombres, mastodontes, con todos los mudables panoramas de los imperios terrestres y del universo entero, sin excluir los suburbios. ¿Tal es la virtud magnificadora de un tema inmenso y libre! Crecemos con su volumen. Para producir un gran libro hay que elegir un gran tema. Nadie podrá escribir nunca ninguna obra grande o perdurable sobre las pulgas, aunque muchos lo hayan intentado.

Traducción de Enrique Pezzoni

Moby Dick
Herman Melville