miércoles, 18 de septiembre de 2013

Tema del fin del mundo

Adolfo Bioy Casares. Guirnalda con amores. 1ª edición, 1959.

Quizá el fin del mundo no sea fácil de imaginar. Ramírez, que atiende el vestuario del club, me dijo que su hija oyó por radio, en el programa de algún aceite comestible, a un boliviano que pronosticó para el domingo 23 el fin del mundo. Mi consocio Johnny aseguró que todo eso eran macanas. Ramírez convino en que no debíamos creer una palabra de tal pronóstico y agregó que, por si acaso, el sábado a la noche no se privaría de nada, porque él estaba dispuesto, eso sí, a darse una comilona. Hombre del momento, pasó a declarar que esos anuncios debían estar terminantemente prohibidos, "por causa de las criaturas". Recordó el caso de alguien que predijo, para no sé qué fecha, el fin del mundo y cuando dieron las doce de la noche "se abocó al revólver y se mató. Mientras tuvo fuerzas apretó el gatillo. No era para menos". 
Johnny le preguntó:
-¿Qué haría usted si supiera con seguridad que un día determinado acaba el mundo?
-No diría nada, por causa de las criaturas -respondió Ramírez-, pero dejaría anotado en un papelito que en el día de la fecha era el fin del mundo, para que vieran que yo lo sabía.

Guirnalda con amores (1959)
Adolfo Bioy Casares

2 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

El fin del mundo lo llevamos a cuestas, mientras montados en un unicornio blanco o en un faisán dorado, “super flumina babilonis, ibi sedimus et flebimus”
y así veremos como va pasando todo.

Buen texto de Bioy Casares.

Salud
Francesc Cornadó

Higinio dijo...

El Salmo 137 que citas en traducción de Casiodoro de Reina dice así: "Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sion".
En esa tierra bañada por los ríos Éufrates y Tigris la gente conoce bien lo que es el fin del mundo, además de llevarlo a cuestas como todos nosotros, como bien dices.

Un fuerte abrazo, amigo Francesc Cornadó.