sábado, 11 de enero de 2014

Leer

Ferdinand Heilbuth. El lector.

Con frecuencia es beneficioso leer un libro de manera distinta a la intención original del autor, pero (una vez pasada la infancia) únicamente si tenemos conciencia de nuestra actitud.
En cuanto lectores muchos de nosotros somos, en parte, como esos granujas que dibujan bigotes sobre los rostros de las muchachas que aparecen en los avisos.

A pesar de que una obra literaria consiente varias lecturas, el número de éstas es finito y puede ser ordenado jerárquicamente; obviamente algunas lecturas serán "más ciertas" que otras, algunas serán dudosas, algunas obviamente falsas y otras, como la lectura de una novela de atrás hacia adelante, absurdas. Es por eso que para una isla desierta uno eligiría un buen diccionario antes que la mejor obra maestra de la literatura, pues la pasividad del diccionario frente a los lectores lo convierte en legítimo tema de infinitas lecturas.

Traducción de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo

La mano del teñidor
W. H. Auden (1907-1973)