martes, 11 de marzo de 2014

A Circe

Henrietta Rae. Las sirenas, 1903.

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri (1889 - 1970)