sábado, 25 de octubre de 2014

Leer

Ilustración de Milo Manara.

Con frecuencia es beneficioso leer un libro de manera distinta a la intención original del autor, pero (una vez pasada la infancia) únicamente si tenemos conciencia de nuestra actitud. 
En cuanto lectores muchos de nosotros somos, en parte, como esos granujas que dibujan bigotes sobre los rostros de las muchachas que aparecen en los avisos.
Una señal de que un libro tiene valor literario es su capacidad de ser leído de varias maneras distintas. Viceversa la prueba de que la pornografía no tiene valor literario es que si intentamos leerla de cualquier forma que no sea la de estímulo sexual, digamos como la historia clínica psicológica de las fantasías sexuales del autor, llegamos a aburrirnos como ostras. 
A pesar de que una obra literaria consiente varias lecturas, el número de éstas es finito y puede ser ordenado jerárquicamente; obviamente algunas lecturas serán "más ciertas" que otras, algunas serán dudosas, algunas obviamente falsas y otras, como la lectura de una novela de atrás hacia adelante, absurdas. Es por esto que para una isla desierta uno elegiría un buen diccionario antes que la mejor obra maestra de la literatura, pues la pasividad del diccionario frente a los lectores lo convierte en legítimo tema de infinitas lecturas.

Traducción de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo

La mano del teñidor
W. H. Auden