miércoles, 31 de diciembre de 2014

La mañana

André de Dienes. Shirley Levitt, 1950.

La mañana, hasta la aparición del heraldo, fue sencilla y luminosa. La voz del hombre cambió el curso del día: Apartaos -gritó-, negadle cualquier refugio, pues habéis de saber que ella es la gran rechazada. Después nada ocurrió; quizá se percibía una calma densa, y una fuerte tensión nerviosa, tal si fuéramos buques sujetos a los caprichos del viento. Al poco la vimos: sudorosa, y vestida de una clámide de color marfileño, traía en el rostro la angustia de una máscara griega: la mujer corría con un grito inacabable en los labios. Fue al rato cunado vi a los atacantes: eran las nubes. En manada avanzaban feroces: celajes, brumas, capas, velos, mantos, nieblas, calinas, nubarrones, cirros, cúmulos, nimbos y estratos, marchaban en formación. Y ella era, sólo, la perseguida de las nubes.

La sombra del obelisco. Novelas (1993)
Rafael Pérez Estrada