jueves, 5 de marzo de 2015

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas

Ilustración de Stefan Zechowski  (1936).

Yo amaba a una muchacha que me amaba también, pero tuve que dejarla.
¿Por qué?
No sé. Era como si estuviese rodeada de un círculo de hombre armados, que apuntasen con sus lanzas hacia fuera. Siempre que me acercaba, daba contra las puntas, quedaba herido y tenía que retroceder. Sufrí mucho.
¿No era culpa de la muchacha?
Creo que no, o mejor dicho, lo sé. El símil anterior no ha sido completo, también yo estaba rodeado de hombres armados, que apuntaban con las lanzas hacia el interior, o sea contra mí. Cuando quería abrirme paso hacia la muchacha, lo primero era quedar enganchado entre las lanzas de mis hombres y ya no pasaba de allí. Tal vez yo no haya llegado nunca hasta los hombres que rodeaban a la muchacha, y si acaso logré llegar, lo hice ensangrentado por mis lanzas y perdido ya el conocimiento.
¿Se quedó sola la muchacha?
No, otro llegó hasta ella , fácilmente y sin trabas. Extenuado por mis esfuerzos, fui testigo de ello con tanta indiferencia como si yo fuese el aire a través del cual sus rostros se juntaron en el primer beso.

Traducción de Carmen Gauger

Carta al padre y oros escritos
Franz Kafka