lunes, 2 de marzo de 2015

Oaxaca, Méjico, 7 de marzo de 1984

Katriona Chapman. Hieroglifos.

Ha valido la pena venir en peregrinación desde tan lejos a esta acrópolis extraña, perturbadora, de Monte Albán, preservada del mundo por horizontes ilimitados y tan cerca del cielo que parece tocarlo, en que la emoción se tropieza a cada paso con el enigma de cada templo y nuestra comprensión se limita a comprobar que la fe ha sido siempre absurda y que la serenidad hierática de las cariátides helénicas ha dejado aquí sitio a la inquietud retorcida de decenas de figuras humanas en bajorrelieves, poseídas por no sé qué delirio gestual. Personajes vigorosos, rudos, arrebatados, en un ballet trágico-cómico que permanece oscuro hasta para los especialistas. El guía nos lo explica. De nada vale. Lo que me gustaría es ver descifrados estos glifos, que él señala al lado de imágenes insólitas, y que confiesa indescifrables, convencido como estoy que los bailarines intentan con su voz de piedra decirnos que ya sabían de la vida y de la muerte por lo menos tanto como nosotros. Y permanezco solo, alejado de mis compañeros, mirando el vasto recinto inundado de sol y de misterio, dándole vueltas a un viejo pensamiento: ¡Qué lucha ha entablado el hombre siempre con sus fantasmas! ¡Y la ironía con que los llama dioses!

Traducción de Eloísa Alvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga