viernes, 19 de junio de 2015

Fracaso del eremita

Adolphe Jourdan. Muchacha en la arena.

Necesitaba tierra y cielo nuevos.
Huir de Venus encendida
de amor en el crepúsculo, y de la roja
lujuria con que Marte parpadea;
olvidar el canto de la golondrina:
tímida doncella violada por Tereo;
no ver en el jacinto un guapo mozo
estremeciéndose al abrazo del dios;
pasear por jardines melancólicos
—el sol se pone, suenan las esquilas,
una pastora canta dulcemente—
sin que me agreda Príapo con su deforme espada.

Busqué en el yermo una oquedad distante,
una negra coraza contra el mundo,
pagano templo del que el Dios cristiano
aún no expulsó antiguos inquilinos...
¡Qué inútilmente! También aquí
garabatean las estrellas
concupiscentes fábulas,
y si cierro los ojos
las diosas y los hombres se revuelcan
dentro de mi cabeza fascinada
en atroz y adorable mezcolanza.
¿A dónde huir? ¿A dónde? ¿A dónde?
Si hasta la tibia arena tiene
curvas de mujer con que tentarme...

Treinta monedas (1989)
José Luis García Martín