viernes, 4 de diciembre de 2015

Las ruinas

Hermann David Salomon Corrodi. Ruinas.

No hay ruina sin vida vegetal; sin yedra, musgo o jaramago que brote en la rendija de la piedra, confundida con el lagarto, como un delirio de la vida que nace de la muerte. La ruina nítidamente conservada, aislada de la vida, adquiere un carácter monstruoso; ha perdido toda su significación y sólo muestra la incuria o algo peor; parece ser el resto de un crimen; al concretarse la ruina, se concreta su autor y se le busca un nombre: "esto lo hizo...". Sólo el abandono y la vida vegetal naciendo al par de la piedra y de la tierra que la rodea, abrazándola, invitándola a hundirse en ella dejando su fatiga, hace que la ruina sea lo que ha de ser: un lugar sagrado.

El hombre y lo divino (1955)
María Zambrano