miércoles, 25 de mayo de 2016

Las ruinas

Carlos de Haes. Paisaje egipcio.

La contemplación de las ruinas ha producido siempre una peculiar fascinación, sólo explicable si es que en ella se contiene algún secreto de la vida, de la tragedia que es vivir humanamente y de aquello que alienta en su fondo: de algún ensueño de libertad aprisionado en la conciencia y que, sólo ante la comtemplación de algo que objetivamente lo representa, se atreve a aflorar, de un ensueño, necesitado como todos los que se refieren a nuestro secreto —a nuestro humano secreto— de la catharsis de la contemplación. Y las ruinas producen una fascinación derivada de ser algo raro: una tragedia, mas sin autor. Una tragedia cuyo autor es simplemente el tiempo: nadie la ha hecho, se ha hecho.

El hombre y lo divino (1955)
María Zambrano