viernes, 13 de mayo de 2016

Perast

Michiel Schrijver. Un día inusual, 2010.

En Perast hablamos con muchas personas, de las que queríamos saber a quién habían pertenecido los palacios y otras casas ya casi totalmente derruidos, porque no habíamos leído nada al respecto. Sin embargo, las personas a las que hablábamos se limitaban a reírse de nuestras preguntas, y se daban la vuelta y huían. Unos kilómetros más lejos, en Pisan, nos dijeron que en Perast no había ya ninguna persona normal, la ciudad entera había sido abandonada a un número bastante grande de locos que podían hacer allí lo que quisieran y a los que sólo una vez por semana facilitaba víveres el Estado.

El imitador de voces
Thomas Bernhard