lunes, 18 de julio de 2016

Las influencias

Azorín, retratado por Ignacio Zuloaga, 1941.

¿Quién podrá conocer y explicar todas las infuencias que obran sobre el escritor? Influye el escritor en el escritor; influyen las obras en las obras; influyen las cosas; influyen los mismos animales domésticos a quienes estimamos. ¿Es que la marmota que el padre Isla tenía en su celda no influía, con su reposo, con su sosiego, en el padre Isla? ¿Y es que agudizando un poco, temerariamente acaso, no podríamos ver en esas cartas familiares en que el padre Isla habla de su marmota una tranquila jovialidad, una alegría apacible, trascendida del curioso animal?
¿Y cómo influyen las cosas? Las cosas viven; las cosas nos esclavizan a veces; pero las cosas nos liberan otras de la tristeza y nos dan pábulo para la obra. Escribo estas líneas en una casa de campo; en la cantarera, enfrente de mí, sobre la losa arenisca y húmeda, se yerguen tres cántaros. Escribo en el zaguán iluminado vívidamente por el sol que entra de un cielo límpido. Los cántaros amarillentos reposan con sus líneas puras. Desde lo remoto pretérito han llegado, siempre quebradizos, siempre frágiles, renovándose de unos en otros, hasta nuestras manos. ¿Y es que tú, escritor, podrás tener esta perennidad? ¿Y es que tu obra podrá transmitirse como estos cántaros, de mano en mano, a lo largo de las generaciones? ¿Y es que tu prosa tendrá la pureza, la sencillez, la simplicidad de estas deleznables vasijas? Ello es eterno e insuperable: hagamos lo que hagamos, ni el más hábil escultor, ni un Donatello, ni un Rodin, podrían mejorar la forma prístina de estos cántaros humildes y milenarios. De una vez y para la eternidad han sido creados por manos primitivas en el arcano de los tiempos.
Suspiro. ¿Por qué suspirar? ¿Y después de todo qué importa el dejarse influir por un autor de hace tres siglos o un coetáneo nuestro? ¿Y qué me importa que ese coetáneo sea ilustre o humilde y esté lejano o próximo? El misterio del escritor no lo penetrará jamás nadie. El misterio de la obra literaria no será jamás por nadie enteramente esclarecido. Sin influencias no hay obras. Sin injertos no hay en el árbol fructuoso fecundidad.

El escritor (1942)
Azorín