martes, 23 de agosto de 2016

Pecios y hombres

Robert de la Croix. Misterios del mar.

Algunos viejos lobos de mar pretenden poder leer el destino de un barco según su aspecto, según el modo como queda modificado por el paso de los años, según como queda modelado por la edad. Pero no nos comunican su procedimiento. Es más cuestión de intuición que de técnica.
Haced vosotros mismos el siguiente experimento: idos a pasear a lo largo de un puerto negro de barcos e intentad imaginar el destino de cada uno de ellos. Este de aquí terminará, sin duda, en un dique de demolición; al cabo de treinta años de servicio será vendido en pública subasta y su casco, antaño batido por las aguas de todos los océanos, será distribuido a un traficante en chatarra. El de más allá, cuando su máquina ya no tenga alientos para seguir adelante, cuando ya haya gemido durante largos años bajo el embate de las olas, será vendido a un armador, quien lo utilizará todavía en oscuras tareas. Los griegos se han hecho célebres, además de serlo ya por otros muchos motivos, por el de ser coleccionistas de barcos viejos, principalmente antes de la guerra de 1939. Su flota, una de las menos modernas del mundo, estaba compuesta por una especie de cementerio marino andante, un cementerio compuesto no exactamente de pecios, pero sí de vapores que se sobrevivían a sí mismos, cuya hélice giraba como el debilitado pulso de un enfermo, un enfermo que tuviera su puntillo en proseguir con sus tareas habitueles, a pesar de todo, hasta el irremediable final.
Aquel otro cargo que hay allí abajo se hundirá después de haber chocado contra una roca o será víctima de un incendio o de una guerra, y éste de más acá, que acaso quede abandonado en alta mar, ya está marcado por la misteriosa señal del pecio. 
Si así fuere, tendrá algunas probabilidades de no morir del todo, ya que los pecios, como ya sabemos, poseen una asombrosa resistencia. No pueden hundirse porque, a lo que parece, la metamorfosis por ellos sufrida los protege de la muerte natural que sufren los otros barcos. Los pecios se hallan más allá de los naufragios. Incluso algunas veces vuelven a adquirir un nuevo rango en la flota de los navíos vivientes.

Traducción de Jaime Elías

Misterios del mar
Robert de la Croix