lunes, 27 de febrero de 2017

Grandezas de la burocracia

Dionisio Baxeiras. Abderramán III recibe a Juan de Gorce.

Cuentan que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo, para lo cual mandó llamar a una multitud de ingenieros, de arquitectos y de artistas a cuya cabeza estaba Kamaru-I-Akmar, el primero y el más sabio de los ingenieros árabes.
Kamaru-I-Akmar prometió que en un año la ciudad estaría edificada, con sus alcázares, sus mezquitas y jardines más bellos que los de Lusa y Ecbatana y aún que los de Bagdad. Pero solicitó al califa que le permitiera construirla con entera libertad y fantasía y según sus propias ideas, y que no se dignase a verla sino una vez que estuviese concluida. Abderrahmán, sonriendo, accedió.
Al cabo del primer año Kamaru-I-Akmar pidió otro año de prórroga, que el califa gustosamente le concedió. Esto se repitió varias veces. Así transcurrieron no menos de diez años. Hasta que Abderrahmán, encolerizado, decidió ir a investigar. Cuando llegó, una sonrisa le borró el ceño adusto.
—¡Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! —le dijo a Kamaru-I-Akmar—. ¿Por qué no me avisaste que estaba construida?
Kamaru-I-Akmar inclinó la frente y no se atrevió a confesar al califa que lo que estaba viendo eran los palacios y jardines que los ingenieros, arquitectos y demás artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planes de la futura ciudad.
Así fue construida Zahara, a orillas del Guadalquivir.

Falsificaciones (1966)
Marco Denevi