lunes, 12 de julio de 2010

La llama de una vela

Virgil Elliot. Vela.

Antaño, en un tiempo olvidado hasta por los sueños, la llama de una vela hacía pensar a los sabios; ofrecía mil sueños al filósofo solitario. Sobre su mesa, al lado de los objetos prisioneros en su forma, al lado de los libros que lentamente instruyen , la llama de la vela convocaba pensamientos desmedidos, suscitaba imágenes sin límites. Para un soñador de mundos la llama era, entonces, un fenómeno del mundo. Se estudiaba el sistema del mundo en gruesos libros, y he aquí que una simple llama -¡oh paradoja del saber! viene a ofrecernos directamente su propio enigma. ¿En una llama no está, acaso, viviente el mundo? ¿No es una vida la llama? ¿No es ella el signo visible de un ser íntimo, el signo de un poder secreto? ¿No contiene, esta llama, todas las contradicciones internas que dan dinamismo a una metafísica elemental? ¿Por qué buscar dialécticas de ideas cuando se tiene, en el corazón de un simple fenómeno, dialécticas de hechos, dialécticas de seres? La llama es un ser sin masa y sin embargo es un ser fuerte.

Traducción de Hugo Gola

La llama de una vela
Gaston Bachelard

2 comentarios:

Martha Alicia dijo...

¡Gracias por compartir, Higinio! Me tomé el atrevimiento de ponerlo en mi Facebook. Espero que no te moleste. Considera que ambos tenemos los mismos gusto acerca de Gaston Bachelard.
Agradecimiento y abrazo afectuoso.

Higinio dijo...

Por supuesto que no me molesta. Me agrada. El lírico escritor Bachelard nos une, nos vincula.

Un fuerte abrazo, amiga Martha.