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lunes, 30 de julio de 2018

Río Amarillo

Jesús Ferrero. Río Amarillo.

2.
Vieja leyenda china

Boca de Jade
y Boca Jadeante
se unieron para crear el mundo.

Y lo crearon, en efecto.

Y el mundo fue
una tinaja de jade
y mil cobras jadeantes dentro.

Río Amarillo (1986)
Jesús Ferrero

Río Amarillo

Jesús Ferrero. Río Amarillo.

2.
Vieja leyenda china

Boca de Jade
y Boca Jadeante
se unieron para crear el mundo.

Y lo crearon, en efecto.

Y el mundo fue
una tinaja de jade
y mil cobras jadeantes dentro.

Río Amarillo (1986)
Jesús Ferrero

viernes, 17 de noviembre de 2017

Tallar el aire

Jesús Ferrero. Negro sol.

La figura más precisa
debe ser al mismo tiempo
la que más niebla cobija
en sus pulidos miembros.

Por eso tallar el aire
es un arte tan difícil
(los poetas ya lo saben).

Yo me dedico a tallarlo.
El delito no es grave
(decían los viejos bardos)
si al hacerlo se consiguen
aves vivas y capaces
de vuelo sereno y alto.

Los versos no tienen ley
por más que ajusten su ritmo
a los rigores del tiempo.
Los versos no tienen amo.

Pájaros bien limitados
pero de vuelo agilísimo,
poemas como milanos.

Por eso no ha de olvidarse
lo que ya dije al principio,
que la imagen más precisa
es la que más aire alberga

en sus alas extendidas.

Negro sol (1987)
Jesús Ferrero

Tallar el aire

Jesús Ferrero. Negro sol.

La figura más precisa
debe ser al mismo tiempo
la que más niebla cobija
en sus pulidos miembros.

Por eso tallar el aire
es un arte tan difícil
(los poetas ya lo saben).

Yo me dedico a tallarlo.
El delito no es grave
(decían los viejos bardos)
si al hacerlo se consiguen
aves vivas y capaces
de vuelo sereno y alto.

Los versos no tienen ley
por más que ajusten su ritmo
a los rigores del tiempo.
Los versos no tienen amo.

Pájaros bien limitados
pero de vuelo agilísimo,
poemas como milanos.

Por eso no ha de olvidarse
lo que ya dije al principio,
que la imagen más precisa
es la que más aire alberga

en sus alas extendidas.

Negro sol (1987)
Jesús Ferrero

miércoles, 25 de abril de 2012

Bélver Yin

Jesús Ferrero. Bélver Yin.

OBERTURA
1. El Nenúfar blanco
La Bachlienhué (o Hoasenchang), Nenúfar blanco, fue una de las muchas sectas chinas en las que se aglutinaron los enemigos de la dominación extranjera.
La Bachlienhué, que como las otras sociedades secretas no excluía la guerra contra los extranjeros afincados en el Imperio, perseguía el sueño de la hegemonía china, o mejor, de la libertad de sus colectividades (pues la filosofía taoísta negaba la preponderancia de una raza sobre otra).
El simple deseo no bastaba para entrar en ella; era necesario saber y poder. Saber interpretar los caracteres, el sentido literal y figurado de los libros sagrados, los trasfondos de la enseñanza taoísta, y la práctica de algunas fórmulas y ritos. Poder actuar con total independencia, guardar la libertad de acción, y atreverse a romper, cuando la necesidad lo requería, con todos los lazos sociales y humanos.

Bélver Yin (1981)
Jesús Ferrero

sábado, 6 de junio de 2009

Bélver Yin

George Chinnery. Cantón
Aparte de algunos vestidos (y del embrión que ya tenía dentro), llevó consigo sus tres libros predilectos: una antigua colección de poesía china, el libro de Lao Tse, y un manual de cortesía atribuido a Siang Fiheng y que llevaba por título De la cortesía y dulces formas de los príncipes y otros súbditos del reino, o el libro de las diez mil claves y los diez mil gestos. Bélver Yin cargó con el equipaje, a ella le bastaba cargar con sus recuerdos.
Sólo la mañana en que dejó Cantón supo qué había sido para ella esa ciudad y sólo entonces la vio con nitidez. Desde el barco la miraba con la misma intensidad con que miramos, por última vez, un rostro amado; y cuando ya la lejanía le impidió percibirla, y el agua y las montañas velaron para siempre la ciudad, acudieron a su memoria algunas imágenes que eran como las figuras de un calidoscopio en las que quedaba resumida Cantón: recordó la Ribera de las Perlas y los cañaverales bordeando el río. Recordó también las cascadas del Tinglú, el agua láctea derramándose entre las peñas como en una pintura Tang, las colinas de las Siete Estrellas, en Tchaoking, la Pagoda de las Flores... Apenas habían pasado seis horas desde que dejaran Cantón y ya les parecía una ciudad del pasado, de un pasado tan remoto y enigmático como su misma infancia, perdida para siempre entre los patios de una casa a orillas del Yangtsé.

Bélver Yin
Jesús Ferrero

martes, 5 de agosto de 2008

Las fuentes del Pacífico

Las fuentes del Pacífico
I
Balada oceánica
El mar le llamaba silenciosamente, y era una llamada insistente y sugestiva: parecía un río de voces y emociones entrelazadas, como si todos los anhelos y todas las palabras de los marinos que en ese momento deambulaban por los muelles o entraban en el café del hotel conformasen un mismo rumor llegando directo al remolino de su corazón.
Pero Benito prefería ignorar los susurros del mar y continuaba olfateando el rastro de la sangre en los terrados, en las aceras, en las losas de los tinglados del puerto, en el viento enrarecido de la tarde, de la noche, de la madrugada, cuando no era extraño oír sonidos de disparos y se sentía flotando entre fragancias de pólvora, absenta y amoníaco. El tiempo se adensaba cuando uno vivía pendiente de todos los asesinatos que se podían cometer en la ciudad, y la vida adquiría una celeridad mareante. Benito estaba cansado, aunque no lo decía, y cuanto más fatigado se encontraba más se evadía soñando con las fuentes del Pacífico. Un delirio que le asaltaba sobre todo cuando se hallaba en el balcón de su cuarto y podía ver la selva de mástiles del puerto y todo el esplendor del cielo. Solía acudir allí al amanecer, cuando la brisa era más fresca, y mientras contemplaba el apacible oscilar de los barcos creía por momentos controlar sus fobias y sus afectos.


Las fuentes del Pacífico
Jesús Ferrero

viernes, 9 de mayo de 2008

Bélver Yin

Ya de viaje hacia Nankín, donde esperaba hacerse cargo de Góel, Bélver Yin estuvo pensando en sí mismo mientras sentía que el barco se alejaba del muelle. ¿Cómo poner orden en ese caos perpetuo en el que le sumía su hermana una y otra vez? ¿De quién era el mensajero y en qué consistía su locura? ¿Era su locura Nitya, o era la creencia en ese adagio en el que Durga aconsejaba hermanarse al agua? " El agua- le había dicho antaño su madre- corre involuntaria y a todo molde se doblega, al contrario de la piedra cuya rigidez la condena a agrietarse en sus mismas entrañas." No le importaba ser agua y deslizarse por la vida con el mismo fervor indiferente, pero a veces le molestaba esa actitud evasiva tan parecida, paradógicamente, a la obediencia.
Pensar en esas cosa le consolaba a la vez que acentuaba su propensión a ver cada uno de sus actos bajo cinco prismas diferentes, uno por cada sentido. En realidad, nada de lo que hacemos tiene un sentido exacto, se dijo con indulgencia cuando ya la ciudad había desaparecido tras la niebla y en cubierta empezaba a hacer frío.
Tomaré un café antes de cenar, pensó al bajar las escaleras de proa, y tras la cena leeré a Tu Fu. Antes del alba ya estaremos en Nankín.
Bélver Yin
Jesús Ferrero