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domingo, 19 de marzo de 2017

Memorias

Isaac Asimov. Memorias.

Recuerdo las cálidas tardes de verano en que había poco movimiento en la tienda y mi padre, con o sin mi madre, podía arreglárselas sin mí. Me sentaba fuera de la tienda (siempre disponible por si había una emergencia), con mi silla apoyada contra la pared.
También recuerdo que después de nacer mi hermano Stanley tuve que ocuparme de él; empujaba el cochecito alrededor de la manzana veinte o treinta veces mientras leía un libro que apoyaba contra el manillar.
Me recuerdo volviendo de la biblioteca con tres libros, uno bajo cada brazo y leyendo el tercero. (Se lo contaron a mi madre calificándolo de «comportamiento extraño» y me riñó, ya que tanto a ella como a mi padre los horrorizaba la posibilidad de molestar a sus clientes. Como usted se imaginará, no hice ningún caso).
En otras palabras, era un clásico «ratón de biblioteca». A los que no lo son, les puede resultar extraño que alguien se pase el día leyendo, dejando que la vida con todo su esplendor pase inadvertida, malgastando los despreocupados días de la juventud y perdiéndose la maravillosa interacción entre el músculo y los tendones. Puede parecer que eso tiene algo de triste, incluso de trágico, y uno podría preguntarse qué impulsa a un joven a hacer algo así.
Pero la vida es fantástica cuando uno es feliz; la interacción entre el pensamiento y la imaginación es muy superior a la de músculos y tendones. He de decir, si usted no lo sabe por propia experiencia, que leer un buen libro, embebido en el interés de sus palabras y pensamientos, produce en algunas personas (en mí, por ejemplo) una increíble sensación de felicidad.
Si quiero evocar la paz, la serenidad y el placer, pienso en mí mismo durante esas tardes de verano perezosas, con la silla apoyada contra la pared, el libro en el regazo y pasando las páginas suavemente.
En determinadas épocas de mi vida ha habido ocasiones de mayor éxtasis, grandes momentos de satisfacción y triunfo, pero por lo que respecta a una felicidad tranquila y reposada, nunca nada que se pueda comparar con esto.

Traducción de Teresa de León

Memorias
Isaac Asimov

domingo, 26 de septiembre de 2010

Ad Astra

Rowena Morrill. Asimov en el Trono.

Ad Astra es el primer relato que escribí sobre el que recuerdo, incluso después de todo este tiempo, las circunstancias exactas de la naciente inspiración. Perdida ésta, solicité y recibí un empleo de la National Youth Administration (NYA), con vistas a costearme mis estudios en la Universidad. Ganaba quince dólares al mes, si la memoria no me falla, a cambio de pasar unos escritos a máquina durante varias horas. Trabajé para un sociólogo que estaba escribiendo un libro sobre el tema de la resistencia social a las innovaciones tecnológicas. Esto incluía desde la resistencia del clero de Mesopotamia a la propagación de la lectura y la escritura entre la población general, hasta las objeciones hechas al aeroplano por los que decían que el vuelo de un cuerpo más pesado que el aire era imposible.
Naturalmente se me ocurrió escribir un cuento relativo a la resistencia social a los vuelos espaciales. Por esa razón utilicé el título de Ad Astra. Provenía del proverbio latino Per aspera ad astra ("A través de las dificultades, hasta las estrellas").

Fue mi primera venta a Campbell, después de siete meses de tentativas y ocho rechazos consecutivos. El relato se publicó medio año después, y entonces vi que Campbell había cambiado el título (algo muy justificable, me parece) por el de Opinión pública.

La edad de oro
Isaac Asimov

miércoles, 17 de febrero de 2010

Sueños de robot

Isac Asimov. Retrato de Rowena Morrill.
Esto es lo que escribe Asimov sobre "Sueños de robot":

Byron Preiss preparó una antología de cuentos míos pensando en sacar una bonita y limitada edición ilustrada y (fue idea suya) le puso como título "Sueños de robot".
Luego me dijo:
-Me gustaría tener un cuento original para la antología y me gustaría que su título fuera "Sueños de robot".
-Y con ese título -dije yo-, ¿cuál podría ser el tema?
-Los sueños de un robot -dijo él.
-¿Qué tipos de sueños tendría un robot? -le pregunté.
-El que escribe ciencia ficción eres tú. Imagínatelo.
Así que escribí "Sueños de robot".

-Elvex, ¿me oyes? -dijo.
-Sí, doctora Calvin -contestó el robot.
-¿Tu sueño tuvo continuación? Antes dijiste que al principio no aparecían seres humanos. ¿Quiere eso decir que aparecen luego?
-Sí. doctora Calvin. En mi sueño me pareció que luego se veía a un hombre.
-¿Un hombre? ¿No un robot?
-Sí, doctora Calvin. Y el hombre entonces dijo: "¡Libera a mi pueblo!"
-¿El hombre dijo eso?
-Sí, doctora Calvin.
-¿Y cuando dijo "¡Libera a mi pueblo!", con las palabra "mi pueblo" se refería a los robots?
-Sí, doctora Calvin. Así ocurría en mi sueño.
-¿Y sabías quién era ese hombre... en tu sueño?
-Sí, doctora Calvin. Sabía quién era ese hombre.
-¿Quién era?
-Ese hombre era yo -dijo Elvex.
Y Susan Calvin alzó inmediatamente su pistola de electrones, disparó, y Elvex dejó de existir.

Sueños de robot
Isaac Asimov

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ley Cero de la Robótica

The Zeroth Law of Robotics
"A robot may not harm humanity, or, by inaction, allow humanity to come to harm."

Ley Cero de la Robótica
"Un robot no puede hacer daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño."

Robots e Imperio
Isaac Asimov

domingo, 4 de mayo de 2008

Las tres leyes de la Robótica

Fuente:Victorian-era robots

Three Laws of Robotics


Law One
A robot may not injure a human being or, through inaction, allow a human being to come to harm.

Law Two
A robot must obey the orders given it by human beings except where such orders would conflict with the First Law.

Law Three
A robot must protect its own existence as long as such protection does not conflict with the First or Second Law.

Las Tres Leyes de la Robótica

Primera Ley
Un robot no puede dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano resulte dañado.

Segunda Ley
Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.

Tercera Ley
Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.

Círculo vicioso/Runaround
Isaac Asimov