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martes, 14 de septiembre de 2021

Solo

Oliverio Girondo. Persuasión de los días.

Nocturnos

9

Solo,
con mi esqueleto,
mi sombra,
mis arterias,
como un sapo en su cueva,
asomado al verano,
entre miles de insectos
que saltan,
retroceden, 
se atropellan,
fallecen;
en una delirante actividad sin rumbo,
inútil,
arbitraria,
febril,
idéntica a la fiebre
que sufren las ciudades.

Solo,
con la ventana
abierta a las estrellas,
entre árboles y muebles que ignoran mi existencia,
sin deseos de irme,
ni ganas de quedarme
a vivir otras noches,
aquí,
o en otra parte,
con el mismo esqueleto,
y las mismas arterias,
como un sapo en su cueva
circundado de insectos.

Persuasión de los días (1942)
Oliverio Girondo

Solo

Oliverio Girondo. Persuasión de los días.

Nocturnos

9

Solo,
con mi esqueleto,
mi sombra,
mis arterias,
como un sapo en su cueva,
asomado al verano,
entre miles de insectos
que saltan,
retroceden, 
se atropellan,
fallecen;
en una delirante actividad sin rumbo,
inútil,
arbitraria,
febril,
idéntica a la fiebre
que sufren las ciudades.

Solo,
con la ventana
abierta a las estrellas,
entre árboles y muebles que ignoran mi existencia,
sin deseos de irme,
ni ganas de quedarme
a vivir otras noches,
aquí,
o en otra parte,
con el mismo esqueleto,
y las mismas arterias,
como un sapo en su cueva
circundado de insectos.

Persuasión de los días (1942)
Oliverio Girondo

jueves, 19 de agosto de 2021

Membretes

Oliverio Girondo. Membretes.

En ninguna historia se revive, como en las irisaciones de los vidrios antiguos, la fugaz y emocionante historia de setecientos mil crepúsculos y auroras.

No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.

¡Sepamos consolarnos! Si las mujeres de Rubens pesaran veintisiete kilos menos, ya no podríamos extasiarnos ante los reflejos nacarados de sus carnes desnudas. 

Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor.

Trasladar al plano de la creación la fervorosa voluptuosidad con que, durante nuestra infancia, rompimos a pedradas todos los faroles del vecindario.

Sólo después de arrojarlo todo por la borda somos capaces de ascender hacia nuestra propia nada.

Membretes (1926)
Oliverio Girondo 

Membretes

Oliverio Girondo. Membretes.

En ninguna historia se revive, como en las irisaciones de los vidrios antiguos, la fugaz y emocionante historia de setecientos mil crepúsculos y auroras.

No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.

¡Sepamos consolarnos! Si las mujeres de Rubens pesaran veintisiete kilos menos, ya no podríamos extasiarnos ante los reflejos nacarados de sus carnes desnudas. 

Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor.

Trasladar al plano de la creación la fervorosa voluptuosidad con que, durante nuestra infancia, rompimos a pedradas todos los faroles del vecindario.

Sólo después de arrojarlo todo por la borda somos capaces de ascender hacia nuestra propia nada.

Membretes (1926)
Oliverio Girondo 

viernes, 3 de enero de 2020

Persuasión de los días

Oliverio Girondo. Persuasión de los días.

ARENA

ARENA,
y más arena,
y nada más que arena.

De arena el horizonte.
El destino de arena.
De arena los caminos.
El cansancio de arena.
De arena las palabras.
El silencio de arena.

Arena de los ojos con pupilas de arena.
Arena de las bocas con los labios de arena.
Arena de la sangre de las venas de arena.

Arena de la muerte...
De la muerte de arena.

¡Nada más que de arena!

LO QUE ESPERAMOS

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
—no cajas de caudales,
ni perchas desoladas—,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
(fragmento)

Persuasión de los días (1942)
Oliverio Girondo

Persuasión de los días

Oliverio Girondo. Persuasión de los días.

ARENA

ARENA,
y más arena,
y nada más que arena.

De arena el horizonte.
El destino de arena.
De arena los caminos.
El cansancio de arena.
De arena las palabras.
El silencio de arena.

Arena de los ojos con pupilas de arena.
Arena de las bocas con los labios de arena.
Arena de la sangre de las venas de arena.

Arena de la muerte...
De la muerte de arena.

¡Nada más que de arena!

LO QUE ESPERAMOS

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
—no cajas de caudales,
ni perchas desoladas—,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
(fragmento)

Persuasión de los días (1942)
Oliverio Girondo

martes, 6 de febrero de 2018

Membretes

Oliverio Girondo. Membretes.

No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.

Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor.

Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos.

¡La opinión que se tendrá de nosotros cuando sólo quede de nosotros lo que perdura de la vieja China o del viejo Egipto!

Todas las razones que tendríamos para querer a Velázquez, si la única razón del amor no consistiera en no tener ninguna.

Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir.

Membretes
Oliverio Girondo (1891-1967)

Membretes

Oliverio Girondo. Membretes.

No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.

Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor.

Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos.

¡La opinión que se tendrá de nosotros cuando sólo quede de nosotros lo que perdura de la vieja China o del viejo Egipto!

Todas las razones que tendríamos para querer a Velázquez, si la única razón del amor no consistiera en no tener ninguna.

Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir.

Membretes
Oliverio Girondo (1891-1967)

viernes, 31 de octubre de 2014

¿Dónde?

Oliverio Girondo. Persuasión de los días, 1942.

¿ME EXTRAVIÉ en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...

No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror, al delirio.

No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.

No estaba
¡Estoy seguro!
No estaba.
Me he perdido.

Persuasión de los días (1942)
Oliverio Girondo

sábado, 15 de septiembre de 2012

Poema 12

Konstantin Somov. Beso (1906).

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

Espantapájaros (1932)
Oliverio Girondo

jueves, 21 de octubre de 2010

Arena

Oliverio Girondo. Fuente de la imagen: Cervantes virtual.

Arena,
y más arena,
y nada más que arena.

De arena el horizonte.
El destino de arena.
De arena los caminos.
El cansancio de arena.

De arena las palabras.
El silencio de arena.

Arena
Oliverio Girondo