Mostrando entradas con la etiqueta Julio Ramón Ribeyro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julio Ramón Ribeyro. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2020

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro en su casa de París. Foto: Archivo familiar.

188

Las palabras que callamos eran las que deberíamos haber pronunciado. Los gestos que guardamos por pudor eran los que deberíamos haber cumplido. Los actos que nos parecieron triviales eran los que se esperaba de nosotros. Otros los hicieron en nuestro lugar. Paguemos ahora las consecuencias.

191

Para llegar adonde debes llegar elige las calles por donde no sople el helado viento del norte. Pero sólo las calles que conducen a ese lugar están barridas por el helado viento del norte.

192

La carta que aguardamos con más impaciencia es la que nunca llega. No hacemos otra cosa en nuestra vida que esperarla. Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino sencillamente porque nunca fue escrita.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro en su casa de París. Foto: Archivo familiar.

188

Las palabras que callamos eran las que deberíamos haber pronunciado. Los gestos que guardamos por pudor eran los que deberíamos haber cumplido. Los actos que nos parecieron triviales eran los que se esperaba de nosotros. Otros los hicieron en nuestro lugar. Paguemos ahora las consecuencias.

191

Para llegar adonde debes llegar elige las calles por donde no sople el helado viento del norte. Pero sólo las calles que conducen a ese lugar están barridas por el helado viento del norte.

192

La carta que aguardamos con más impaciencia es la que nunca llega. No hacemos otra cosa en nuestra vida que esperarla. Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino sencillamente porque nunca fue escrita.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

domingo, 24 de noviembre de 2019

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas. 

180

No creo que para escribir sea necesario ir a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura. El empapelado de un muro que vimos en nuestra infancia, un árbol al atardecer, el vuelo de un pájaro, aquel rostro que nos sorprendió en el tranvía, pueden ser más importantes para nosotros que los grandes hechos del mundo. Quizás cuando hayamos olvidado una revolución, una epidemia o nuestros peores avatares, quede en nosotros el recuerdo del muro, del árbol. del pájaro o del rostro. Y si quedan, es porque algo los hacía memorables, algo había en ellos de imperecedero, y el arte sólo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra memoria.

198

Aún no has terminado de celebrar la primavera y ya ha llegado el invierno. Quedarás tú, como tus libros, lleno de erratas, nadie te comprenderá. ¡Ah, como no fueras uno de esos pueblos solares, ígneos, cercados por la arena, inmóviles, eternos bajo la canícula!

200

La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas. 

180

No creo que para escribir sea necesario ir a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura. El empapelado de un muro que vimos en nuestra infancia, un árbol al atardecer, el vuelo de un pájaro, aquel rostro que nos sorprendió en el tranvía, pueden ser más importantes para nosotros que los grandes hechos del mundo. Quizás cuando hayamos olvidado una revolución, una epidemia o nuestros peores avatares, quede en nosotros el recuerdo del muro, del árbol. del pájaro o del rostro. Y si quedan, es porque algo los hacía memorables, algo había en ellos de imperecedero, y el arte sólo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra memoria.

198

Aún no has terminado de celebrar la primavera y ya ha llegado el invierno. Quedarás tú, como tus libros, lleno de erratas, nadie te comprenderá. ¡Ah, como no fueras uno de esos pueblos solares, ígneos, cercados por la arena, inmóviles, eternos bajo la canícula!

200

La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

lunes, 2 de abril de 2018

Dichos de Luder

Julio Ramón Ribeyro. Dichos de Luder.

4
Ven con nosotros le dicen sus amigos. La noche está espléndida, las calles tranquilas. Tenemos entradas `para el cine y hasta hemos reservado mesa en un restaurante.
¡Ah, no! protesta Luder. Yo sólo salgo cuando hay un grado, aunque sea mínimo, de incertidumbre.

11
Nunca he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni desterrado dice Luder. Debo en consecuencia ser un miserable.

74
Al despertarte no tires nunca de la cola del sueño dice Luder. Es mejor dejar que el monstruo regrese a su madriguera.

78
Detesto dar consejos literarios dice Luder. Pero si algún joven insiste en pedírmelos le responderé como un guardia de tránsito: evitar los cruceros, tomar las avenidas.

84
Nada me impresiona más que los hombres que lloran dice Luder. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando sólo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.

87
Luder lanza una mirada lenta, circular y fatigada a los miles de libros que contienen los estantes de su biblioteca.
¡Cuánto ignoramos! suspira.

91
Lo encuentran paseándose abstraído en torno a la mesa de su biblioteca.
Me he dado cuenta dice Luder que nuestra vida solo consiste en dar vueltas y vueltas alrededor de unos cuantos objetos.

Dichos de Luder (1989)
Julio Ramón Ribeyro

Dichos de Luder

Julio Ramón Ribeyro. Dichos de Luder.

4
Ven con nosotros le dicen sus amigos. La noche está espléndida, las calles tranquilas. Tenemos entradas `para el cine y hasta hemos reservado mesa en un restaurante.
¡Ah, no! protesta Luder. Yo sólo salgo cuando hay un grado, aunque sea mínimo, de incertidumbre.

11
Nunca he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni desterrado dice Luder. Debo en consecuencia ser un miserable.

74
Al despertarte no tires nunca de la cola del sueño dice Luder. Es mejor dejar que el monstruo regrese a su madriguera.

78
Detesto dar consejos literarios dice Luder. Pero si algún joven insiste en pedírmelos le responderé como un guardia de tránsito: evitar los cruceros, tomar las avenidas.

84
Nada me impresiona más que los hombres que lloran dice Luder. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando sólo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.

87
Luder lanza una mirada lenta, circular y fatigada a los miles de libros que contienen los estantes de su biblioteca.
¡Cuánto ignoramos! suspira.

91
Lo encuentran paseándose abstraído en torno a la mesa de su biblioteca.
Me he dado cuenta dice Luder que nuestra vida solo consiste en dar vueltas y vueltas alrededor de unos cuantos objetos.

Dichos de Luder (1989)
Julio Ramón Ribeyro

miércoles, 7 de febrero de 2018

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas.

Dentro de nosotros hay como una oficina meteorológica que emite cada mañana su parte sentimental: estaremos contentos, sufriremos, cólera al mediodía, etc. Y hacia esa previsión avanzamos temerosos o confiados. Oficina falaz, tan volandera como la que profetiza el clima: la tarde de la que esperábamos tanto júbilo se cubre de pronto de una insoportable tristeza. Pero también cómo alumbra esa noche auguralmente lúgubre la sonrisa de la desconocida.

Un editor francés, comprobando que ha decaído la venta de los clásicos, decide lanzar una nueva colección, pero en la cual los prólogos no serán encomendados a eruditos desconocidos sino a estrellas de la actualidad. Así Brigitte Bardot hará el prefacio de Baudelaire, el ciclista Raymond Poulidor el de Proust y el actor Jean Paul Belmondo, que antes fue boxeador, el de Rimbaud. Belmondo empieza su preámbulo con estas palabras: "Cada vez que leo un poema de Rimbaud siento como un puñetazo en la quijada". Venta asegurada.

Embajadores que han perdido su cargo caminan por la calle con un aire de picapedreros, ministros destituidos parecen la foto amarillenta de su antigua efigie. Hay hombre así que, abandonado el puesto, recaen en la insignificancia. Ello se debe que no tenían otra manera de ser que su función.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas.

Dentro de nosotros hay como una oficina meteorológica que emite cada mañana su parte sentimental: estaremos contentos, sufriremos, cólera al mediodía, etc. Y hacia esa previsión avanzamos temerosos o confiados. Oficina falaz, tan volandera como la que profetiza el clima: la tarde de la que esperábamos tanto júbilo se cubre de pronto de una insoportable tristeza. Pero también cómo alumbra esa noche auguralmente lúgubre la sonrisa de la desconocida.

Un editor francés, comprobando que ha decaído la venta de los clásicos, decide lanzar una nueva colección, pero en la cual los prólogos no serán encomendados a eruditos desconocidos sino a estrellas de la actualidad. Así Brigitte Bardot hará el prefacio de Baudelaire, el ciclista Raymond Poulidor el de Proust y el actor Jean Paul Belmondo, que antes fue boxeador, el de Rimbaud. Belmondo empieza su preámbulo con estas palabras: "Cada vez que leo un poema de Rimbaud siento como un puñetazo en la quijada". Venta asegurada.

Embajadores que han perdido su cargo caminan por la calle con un aire de picapedreros, ministros destituidos parecen la foto amarillenta de su antigua efigie. Hay hombre así que, abandonado el puesto, recaen en la insignificancia. Ello se debe que no tenían otra manera de ser que su función.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro