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sábado, 30 de octubre de 2021

Las llaves

Ricardo Renedo. Llaves.

La biblioteca

AVARO, como de caricias,
guardo, bajo doble llave,
las palabras antiguas
noblemente estampadas
—Plantin, Manucio, Ibarra—
que guardan pergaminos,
tal la concha de nácar
atesora la perla.
No perderé la llave
del tiempo, so la lámpara,
de intimidades tibias
mientras, una por una,
las páginas me hablan.

Casa de campo

ÉSTA es
—¡cómo resuena el martillo en la fragua!—
la llave, la gran llave de la casa de campo,
la ventana en el bosque
el tranquilo pinar
y, resonando al fondo, el mar.

Ésta es
la que abre la puerta
a los silencios bajo las estrellas;

al frescor matinal
que trae nubes de jazmín;

a la paz, la bien ganada paz, ya lejos
del asfalto y de los motores terribles.

Las llaves
Guillermo Díaz-Plaja 

Las llaves

Ricardo Renedo. Llaves.

La biblioteca

AVARO, como de caricias,
guardo, bajo doble llave,
las palabras antiguas
noblemente estampadas
—Plantin, Manucio, Ibarra—
que guardan pergaminos,
tal la concha de nácar
atesora la perla.
No perderé la llave
del tiempo, so la lámpara,
de intimidades tibias
mientras, una por una,
las páginas me hablan.

Casa de campo

ÉSTA es
—¡cómo resuena el martillo en la fragua!—
la llave, la gran llave de la casa de campo,
la ventana en el bosque
el tranquilo pinar
y, resonando al fondo, el mar.

Ésta es
la que abre la puerta
a los silencios bajo las estrellas;

al frescor matinal
que trae nubes de jazmín;

a la paz, la bien ganada paz, ya lejos
del asfalto y de los motores terribles.

Las llaves
Guillermo Díaz-Plaja 

sábado, 28 de marzo de 2015

El oficio de escribir

Guillermo Díaz-Plaja. El oficio de escribir.

1. El alma en el escaparate
Pienso muchas veces que el escritor es un ser literalmente escandaloso. Irremediablemente es el forzado a explicar su propia intimidad, aun cuando crea tantas veces escamotearla con alegorías más o menos transparentes. Los episodios de su peripecia interior quedan, así, inermes, a merced de la plazuela, sin que el escritor pueda quejarse por ello. Alguna vez he comentado, irónicamente, la curiosa casualidad que hace que todos los "diarios íntimos" un buen día "se pierdan" para que, fatalmente, "se los encuentre" un editor.
Y, sin esta voluntad, el escritor no existiría. No hay literatura sin proyección social. Escribir es catapultar nuestros propios sentimientos hacia objetivos multitudinarios, en los que jamás podremos conocer la dimensión ni la profundidad del impacto.
Uno solo, sin embargo, está presente -y es acaso imposible- en nuestro corazón. "Un solo lector", pensamos, acaso "uno solo" nos entienda de veras. Hay uno, en un rincón provincial, acaso en una ciudad extranjera, que viene siguiendo nuestro camino. De él nos llega, y nos sobresalta, de pronto, una solitaria pregunta que se nos clava como una saeta. "Él" sí sabe de nosotros.

El oficio de escribir (1969)
Guillermo Díaz-Plaja

jueves, 16 de mayo de 2013

Poemas de la Gran Muralla

Chen Bing Kui. La Gran Muralla.

Cuadernillo lírico. Poemas de la Gran Muralla

Cinturón de la Patria
tras los muros
China es una y completa

Los pastores hirsutos
arrojaban las piedras
de su fiera ignorancia

El paseo de ronda
del muro dibujaba
el perfil de una patria

Soy la Historia
dibujo en las montañas
tres mil años de gloria.

Mis viajes por Asia (1984)
Guillermo Díaz-Plaja

lunes, 31 de diciembre de 2012

Poemas de la Gran Muralla

Chen Bing Kui. La Gran Muralla.

Cuadernillo lírico. Poemas de la Gran Muralla

Aquí el Imperio
salvó de la barbarie
flores de porcelana

En cada torre anida
la sombra de un soldado
hace siglos, insomne

La vertical soberbia
del alto muro
acobarda al extraño

La Muralla protege
y fabrica la historia.
Las flechas son inútiles

China existe, estos muros,
soberbios
lo firman y rubrican

Mis viajes por Asia (1984)
Guillermo Díaz-Plaja