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viernes, 20 de noviembre de 2009

UN ATAQUE DE LOS SERES PRIMITIVOS


 Fuente:OGHME COMICS
Plutonia
Capítulo LIII
UN ATAQUE DE LOS SERES PRIMITIVOS
Hicieron alto para dormir en un gran calvero. Montaron la yurta por si acaso en el centro con el fin de evitar que nadie pudiera atacarlos por sorpresa desde detrás de los arbustos. Se quedaron de guardia por turno. Los perros parecían haber reconocido la yurta y se instalaron sobre la nieve alrededor. General no les dejaba todavía llegar hasta la propia yurta .
Estando Kashtánov de guardia, General manifestó inquietud, se puso a gruñir y luego a ladrar frenéticamente, sin parar. Kashtánov advirtió que, en torno al calvero, los arbustos se agitaban y crujían. Despertó en seguida a sus compañeros, que salieron con las escopetas.
Al ver fracasado su ataque por sorpresa, los salvajes salieron del bosque, rodearon el calvero y fueron avanzando, lentos e indecisos, hacia la yurta . Eran mujeres, armadas con lanzas y con cuchillos que llevaban entre los dientes. Les seguían algunas chiquillas con las jabalinas. Sin embargo, no se decidían a hacer uso de sus armas. Sin duda abrigaban la esperanza de apoderarse fácilmente de los hechiceros como la primera vez para hacerles volver al campamento. Por eso Igolkin impidió que sus compañeros disparasen en seguida, queriendo parlamentar; de todas formas, les dijo que, por si acaso, sustituyeran la bala de uno de los cañones por una carga de perdigones.
- Una perdigonada en las piernas les bastará -dijo-. Si se obstinan, recurriremos a las balas.
Cuando las mujeres estuvieron a unos treinta pasos, Igolkin agitó los brazos gritando:
- ¡Esperad, escuchad! Os he prohibido seguirnos, habéis desobedecido. Nuestras flechas de fuego están preparadas y fulminarán a las que osen avanzar. ¡Marchaos!
Las mujeres salvajes se detuvieron para escuchar las palabras del marinero y luego se consultaron. Una de las mujeres gritó algo y las otras agitaron las manos en señal de aprobación.
- Piden que volvamos los dos al campamento porque la tribu no puede vivir sin nosotros -tradujo el marinero-. En cuanto a los otros, dicen que pueden marcharse.
Luego Igolkin gritó a su vez:
- Los hechiceros no pueden vivir mucho tiempo entre los hombres. Vamos a pasar el invierno en nuestras chozas sobre los hielos grandes y volveremos en primavera. ¡Marchaos pronto!
Pero parte de las mujeres avanzó unos cuantos pasos y una de las jóvenes que servían de escuderos lanzó rápidamente, con pueril audacia, una jabalina que fué a clavarse en la yurta después de pasar casi pegada a la oreja de Kashtánov.
Plutonia
(Trad. Isabel Vicente)
(Preparado por Antonio Bravo)
V.Obruchev

domingo, 7 de junio de 2009

La Tierra Hueca


Plutonia
Capítulo XIV
LA CARTA DE TRUJANOV
......
Queridos amigos:
Es posible que en el momento dé leer estas líneas se encuentren ustedes en situación muy penosa. Espero no defraudar sus esperanzas de recibir un consejo y una explicación.
Debo confesar ante todo que les he arrastrado a una empresa tan arriesgada y extraordinaria que, de haber, adivinada, ustedes dónde les invitaba a viajar, me habrían tenido por loco y me habrían negado toda colaboración. Una vez hice ya la experiencia, comunicando mis propósitos a un sabio y ofreciéndole organizar una expedición costeada por mí. Se negó rotundamente y además me acusó de tener una fantasía desbordada.
Por eso, la única manera de montar una expedición que verificase mis hipótesis era callar el objetivo final. Debía ser organizada con el propósito aparente de estudiar una parte aun inexplorada de la región ártica. En efecto, mis hipótesis podían ser erróneas y entonces la expedición, después de haber hallado únicamente unas islas o un continente atenazado por los hielos regresaría sin novedad después de su estudio. Aun en este caso mis gastos no habrían sido inútiles, ya que hubiera quedado demostrada de una vez para siempre la falta de fundamento de mi hipótesis y, al mismo tiempo, hubiese desaparecido la gran mancha blanca que aun existe en el mapa de la región ártica.
Y paso a lo esencial. Numerosas observaciones hechas desde el Mont-Blanc y Munku-Sardik, el estudio de obras científicas y los datos de muchas estaciones sismológicas y las búsquedas sobre la distribución y las anomalías de la fuerza de la gravedad me han llevado a la conclusión de que el núcleo de nuestro planeta tiene un carácter completamente distinto al que hasta ahora le prestan los geólogos y los geofísicos. Yo estoy persuadido de que la Tierra posee una cavidad interna más o menos vasta, probablemente alumbrada por un astro pequeño central, quizá ya apagado. Dicha cavidad comunica quizá con la superficie del globo por uno o dos orificios más o menos considerables que permitirían penetrar en la superficie interior de este globo hueco.
Sólo una expedición especial enviada en busca de uno de esos orificios podía confirmar o rebatir mis opiniones. Naturalmente, había que buscar esos orificios en las regiones todavía inexploradas de los dos polos. Para comenzar he elegido la región ártica, como más accesible a una expedición rusa.
Si han logrado ustedes encontrar el orificio, procuren penetrar en él. Es posible que hayan descendido ya a él inadvertidamente, creyendo descender a una profunda depresión continental. En tal caso, y si les quedan fuerzas y medios de transporte suficientes, procuren introducirse más profundamente y explorar hasta donde sea posible esta cavidad interna, aunque sin arriesgar sus vidas en vano.
En caso de que, por una razón cualquiera, el propósito sea irrealizable, regresen ustedes, ya que el solo hecho de haber descubierto un orificio que lleve a la cavidad interna de la Tierra constituye un enorme descubrimiento y su estudio podría confiarse a otra expedición organizada sobre la base de la experiencia adquirida. No dudo de que, llegados al umbral de grandes y maravillosos descubrimientos, experimentarán como verdaderos hombres de ciencia eimperioso deseo de continuar adelante. Pero les ruego desentrañar minuciosamente la situación, pesar el pro y el contra y tomar la determinación más sensata para no correr el riesgo de echar a perder los resultados ya adquiridos.
Quizá pudiesen ustedes dividirse en dos grupos, uno de los cuales penetraría en la cavidad mientras el otro se quedaba a la entrada para acudir en auxilio del primero en caso de necesidad o llevar a la ciencia la noticia del maravilloso descubrimiento.
Siento infinitamente que el destino me haya privado de los medios de compartir los trabajos, las privaciones y los descubrimientos de ustedes y tenerme que limitar a esta carta. Si no les ha explicado nada, desentiéndanse de ella. En cualquier caso les deseo con el alma entera toda clase de éxitos.

N. Trujánov.
Estrella Polar,
14 de junio de 1914
Plutonia
(Trad. Isabel Vicente)
(Preparado por Antonio Bravo)
V.Obruchev

lunes, 16 de febrero de 2009

Un descenso interminable

Plutonia
Capítulo IX
UN DESCENSO INTERMINABLE
Por fin llegaron al otro lado de la muralla. En el último alto, Borovói encendió el infiernillo de alcohol del hipsómetro con la absoluta convicción de que señalaría lo mismo que delante del cinturón de hielos, es decir, unos novecientos metros bajo el nivel del mar. Pero cuando colocó el termómetro en el tubo, subió a 105°, luego a 110° y tampoco se detuvo allí.
- ¡Eh, eh! -gritó Borovói-. ¡Que se va a romper el cristal!
- ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa? -preguntaron varias voces.
Todos habían acudido presurosos y se agrupaban en torno al aparato, colocado sobre un cajón.
- ¡Es una cosa inaudita, increíble! -exclamó Borovói con voz quebrada por la emoción-. En este maldito agujero el agua hierve a 120°.
- O sea que...
- O sea, que hemos descendido a un abismo por el cinturón de hielos. Así, al pronto, no puedo calcular siquiera a cuántos miles de metros bajo el nivel del mar corresponde esta temperatura de ebullición. Esperen, que vamos a verlo por las tablas.
Sentóse en su saco de dormir, extrajo del bolsillo el prontuario de las alturas, rebuscó en las tablas e hizo, unas operaciones al margen. Mientras tanto, sus campañeros iban acercándose uno a uno al aparato para convencerse de que, efectivamente, el termómetro marcaba 120° sobre cero. La columna de mercurio se había detenido en ese punto, y no cabía la menor duda.
Sólo el ligero borboteo del agua que hervía en el aparato rompía el silencio reinante entre los hombres, sobrecogidos por el asombro.
Al fin se escuchó un suspiro profundo de Borovói y estas palabras pronunciadas en tono solemne:
- Calculando por encima, la temperatura de 120° de ebullición corresponde a la altura negativa de cinco mil setecientos veinte metros.
- ¡No puede ser! ¿No se ha equivocado usted?
-- Pueden comprobarlo. Aquí están las tablas. En ellas, naturalmente, no figuran los datos de esta temperatura de ebullición, que nadie ha observado nunca fuera del laboratorio. Hay que hacer los cálculos aproximados.
Kashtánov verificó los cálculos y dijo:
- Es exacto. En estos dos días, trepando por los bloques de hielo, hemos descendido cuatro mil novecientos metros en una extensión de diez o doce kilómetros.
- ¡Y no nos hemos dado cuenta del descenso!
Plutonia
(Trad. Isabel Vicente)
(Preparado por Antonio Bravo)
V.Obruchev

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Mapa de Plutonia

Fuente:librosmaravillosos;G. Nikolski ilustracion.Mapa de Plutonia
Plutonia
Epílogo
Mapa de Plutonia
1: El lago de los Estegosaurios; 2. El desfiladero de los Pterodáctilos; 3. Punto de desembarco; 4. El calvero de los Iguanodones: 5. Las dunas; 6. El hormiguero N° 1; 7. El volcán Satán; 8. La bahía de los Peces; 9. El hormiguero Nº2; 10. El río de las Hormigas; 11. El volcán Gruñón, el lago del Ermitaño y el río Pápochkin; 12. La bahía del Ermitaño; 13. La desembocadura del río Makshéiev; 14. El río Gromeko; 15. La desembocadura del río del Azufre; 16. El bosque de colas de caballo, de helechos y de palmeras; 17. El desfiladero de los Millones.
.......................
Abatidos, los exploradores tomaron el transiberiano para volver a sus lares. Después de haber examinado la situación decidieron que hasta el final de la guerra, que todos creían próximo, y hasta la restitución de las colecciones y las fotografías era preferible no hablar de la expedición a Plutonia. ¿Qué tenían, aparte de sus palabras, para demostrar que Plutonia y sus maravillas existían realmente y que se podía penetrar hasta ellas? Toda persona de sentido común, hubiera considerado su informe como una mistificación y los hubiese tildado de mentirosos o de locos.
Pero la guerra se prolongó. Luego llegó la Revolución de Octubre, la guerra civil... Los miembros de la expedición se dispersaron. Se ignora el paradero de los documentos y las colecciones. Trujánov, que ha vuelto a su observatorio de Munku-Sardik, donde vive en ermitaño, ha perdido las esperanzas de que le sean devueltos.
El diario del viaje y los dibujos de uno de los miembros de la expedición, ya muerto, cayeron por casualidad en manos del autor. Con dichos materiales ha sido escrito el presente libro.
Plutonia
(Trad. Isabel Vicente)
V.Obruchev

martes, 16 de septiembre de 2008

Plutonia

rpongsaj:Woolly Mammoth (Royal BC Museum, Victoria, British Columbia)
Plutonia
Capítulo XII
Las colinas errantes
Kashtánov y Pápochkin llevaban corriendo más de un cuarto de hora y las colinas oscura parecían casi tan lejanas como al principio.
- Esta maldita niebla molesta horriblemente para calcular bien las distancias -dijo el zoólogo deteniéndose a recobrar el aliento-. Estaba convencido de que nos encontrábamos cerca de las colinas y, con todo el tiempo que llevamos corriendo, apenas nos hemos aproximado. Casi no puedo respirar.
- Bueno, pues vamos a descansar -propuso Yashtánov-. Las colinas no se van la escapar.
Estaban de pie, apoyados sobre las escopetas. Súbitamente, Pápochikin, que miraba hacia las colinas, exclamó:
- ¡Esto es extraordinario si no se trata de una ilusión óptica! Me ha parecido que se movían nuestras colinas.
- Es un efecto de la niebla, que se desplaza -contestó tranquilamente Kashtánov encendiendo su pipa.
- Pues no. ¡Ahora veo con toda claridad que se mueven las colinas! ¡Mire usted, mire usted
pronto!
Delante, a escasa distancia, se veían ahora con nitidez cuatro manchas oscuras que se desplazaban lentamente por la tundra.
- Habitualmente, los montes de basalto o de cualquier otro mineral volcánico suelen estarse quietos en su sitio -observó sarcástico Pápechkin-. Aunque, ¿quién sabe? Es posible que en este país de los fenómenos inexplicables también anden de un lado para otro las colinas de ese género. ¡Lástima que no haya venido con nosotros Borovói!
Mientras tanto Kashtánov había cogido sus prismáticos y observaba con ellos las colinas
movedizas.
- ¿Sube usted una cosa, Semión Semiónovich? -dijo con voz trémula de emoción-. Pues que esas colinas no son de mi competencia, sino de la de usted, porque se trata de grandes animales parecidos a elefantes: veo muy bien sus largas trompas.
Reanudaron su carrera y sólo se detuvieron cuando la niebla empezó de nuevo a disiparse. Las masas oscuras estaban ya mucho más próximas.
- Vamos a tendernos en el suelo -propuso el zoólogo-. De lo contrario, pueden advertir nuestra presencia y escapar.
Así lo hicieron. Ahora Pápochkin tenía los prismáticos, esperando el momento propicio. La niebla se disipó al fin bastante para poder distinguir a unos cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta pasos cuatro proboscidios que arrancaban ramas de los arbustos enanos y se las llevaban a la boca doblando elegantemente la trompa. Tres eran muy voluminosos y el cuarto un poco más pequeño.
- Tienen enormes colmillos -dijo Pápochkin- muy retorcidos. El cuerpo está cubierto de un tupido pelaje pardo. Tienen unos rabos cortos que agitan alegremente. Si no supiera que los mamuts han desaparecido de nuestro planeta, diría que no son elefantes sino mamuts.


Plutonia
(Trad. Isabel Vicente)
V.Obruchev