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viernes, 24 de septiembre de 2021

El reconocimiento

Antonio Pereira. Cuentos de la Cábila.

A un chico de la Cábila que llegó a literato lo hicieron Hijo Predilecto cuando era mayor y le blanqueaba la barba.
Una noche pasaba el puente con un convecino que no tenía diploma honorífico y pensó que si un ventarrón los tirara al río, el predilecto sería el primero que salvarían.
La injusticia se le hacía insoportable, pero lo alivió el recuerdo de que en todo el barrio, él era el único que no había aprendido a nadar.

Cuentos de la Cábila (2000)
Antonio Pereira 

El reconocimiento

Antonio Pereira. Cuentos de la Cábila.

A un chico de la Cábila que llegó a literato lo hicieron Hijo Predilecto cuando era mayor y le blanqueaba la barba.
Una noche pasaba el puente con un convecino que no tenía diploma honorífico y pensó que si un ventarrón los tirara al río, el predilecto sería el primero que salvarían.
La injusticia se le hacía insoportable, pero lo alivió el recuerdo de que en todo el barrio, él era el único que no había aprendido a nadar.

Cuentos de la Cábila (2000)
Antonio Pereira 

martes, 15 de junio de 2021

El pequeño tren

Antonio Pereira. El regreso.

Alabo el tren pequeño: 
dos vagones
de tablas barnizadas, con cristales
que cuadran los viñedos, con un timbre 
de alarma que quizá no suene nunca, 

con una mesa larga de Correos
donde clasificar las novedades,
con un furgón atrás para las cestas,
sin coches camas y sin más historias;

lo manda un maquinista de Monforte,
lo atiza un fogonero de Monforte,
el revisor también es de Monforte,
Genaro es el cartero y es del Bierzo.

Dieciocho kilómetros diarios,
nueve y nueve contándole ida y vuelta,
para enlazar a tiempo con los grandes
expresos que conceden un minuto,
no es gran cosa, pero es la lanzadera
capaz de urdir la trama de los siglos,

pequeño tren de vía secundaria,
¡y a veces hasta fue considerado,
trayendo un premio gordo, o un ministro,
o el despojo de un duque recién muerto!

Te alabo, breve tren irrelevante,
pequeño tren, formado como tantos
hombres con vocación a la modestia,
y canto tu belleza subsidiaria.

El regreso (1964)
Antonio Pereira 

El pequeño tren

Antonio Pereira. El regreso.

Alabo el tren pequeño: 
dos vagones
de tablas barnizadas, con cristales
que cuadran los viñedos, con un timbre 
de alarma que quizá no suene nunca, 

con una mesa larga de Correos
donde clasificar las novedades,
con un furgón atrás para las cestas,
sin coches camas y sin más historias;

lo manda un maquinista de Monforte,
lo atiza un fogonero de Monforte,
el revisor también es de Monforte,
Genaro es el cartero y es del Bierzo.

Dieciocho kilómetros diarios,
nueve y nueve contándole ida y vuelta,
para enlazar a tiempo con los grandes
expresos que conceden un minuto,
no es gran cosa, pero es la lanzadera
capaz de urdir la trama de los siglos,

pequeño tren de vía secundaria,
¡y a veces hasta fue considerado,
trayendo un premio gordo, o un ministro,
o el despojo de un duque recién muerto!

Te alabo, breve tren irrelevante,
pequeño tren, formado como tantos
hombres con vocación a la modestia,
y canto tu belleza subsidiaria.

El regreso (1964)
Antonio Pereira 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Vino el destacamento

Antonio Pereira. Dibujo de figura.

Vino el destacamento.
Vino el destacamento con sus galas,
llenaron el casino, y la misa de doce,
les limpiaban las botas bajo los soportales,
y en el celoso corazón nosotros
duelo llevábamos porque en los claros
miradores miraban nuestras novias
el paso de los otros,
y no arrojaban sobre sus cabezas
la pez hirviente como en un romance.
Marchó el destacamento.
Fue asombroso
y alegre que el domingo
volviese a ser domingo, la costumbre
del amor a la tarde y los zapatos,
hermoso tener moza en nuestro pueblo,
tan bonitas y fieles como son
cuando no miran a los invasores.

Dibujo de figura (1972)
Antonio Pereira

Vino el destacamento

Antonio Pereira. Dibujo de figura.

Vino el destacamento.
Vino el destacamento con sus galas,
llenaron el casino, y la misa de doce,
les limpiaban las botas bajo los soportales,
y en el celoso corazón nosotros
duelo llevábamos porque en los claros
miradores miraban nuestras novias
el paso de los otros,
y no arrojaban sobre sus cabezas
la pez hirviente como en un romance.
Marchó el destacamento.
Fue asombroso
y alegre que el domingo
volviese a ser domingo, la costumbre
del amor a la tarde y los zapatos,
hermoso tener moza en nuestro pueblo,
tan bonitas y fieles como son
cuando no miran a los invasores.

Dibujo de figura (1972)
Antonio Pereira

miércoles, 19 de febrero de 2020

Todos los cuentos

Antonio Pereira, fotografiado por Claudio Álvarez, en 2007.

Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos

Una vez estaba en la taberna el poeta inspirado haciendo su papel de poeta inspirado. Todos lo respetamos mucho en sus esperas de la voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto una página terminada. Vino un parroquiano de la taberna con la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el renglón que campeaba en la hoja:
Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos.
El verso hermoso, todavía único, con que iba a arrancar el poema.
El parroquiano suspiró:
—Es un buen empiece, poeta. Pero ahora qué.

Todos los cuentos
Antonio Pereira

Todos los cuentos

Antonio Pereira, fotografiado por Claudio Álvarez, en 2007.

Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos

Una vez estaba en la taberna el poeta inspirado haciendo su papel de poeta inspirado. Todos lo respetamos mucho en sus esperas de la voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto una página terminada. Vino un parroquiano de la taberna con la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el renglón que campeaba en la hoja:
Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos.
El verso hermoso, todavía único, con que iba a arrancar el poema.
El parroquiano suspiró:
—Es un buen empiece, poeta. Pero ahora qué.

Todos los cuentos
Antonio Pereira

viernes, 10 de enero de 2020

Todos los cuentos

Antonio Pereira. Todos los cuentos.

El escalatorres

Un oficio que da muchas emociones es el de escalatorres, pero es un cuerpo en el que cuesta trabajo entrar porque ha quedado en manos de pocas familias.
Hay un escalatorres jubilado que relata su conocimiento eminente del país: los prados extendidos y los campos de mieses, las humildes chimeneas y los caserones humillados de los señores.
Pero no es lo mismo una torre de ayuntamiento que la experiencia desde cúpula de catedral. Y aun en ésta, la visión del escalatorres puede ser exaltada o serena, según sea gótico o románico el monumento al que se encarama. 
Con todo, lo que a él le importaba más era su facultad de descifrar la condición humana desde la altura.
Cuenta de ciudades cultas donde la escalada es como un concierto de música al que se asiste en silencio, ciudades avaras enumera donde el público desaparece a la hora de la colecta, pero también ciudades generosas y de brazos abiertos. En Osorno, provincia de Palencia, se cruzan apuestas sobre el espectáculo, sin descuidar por eso las barajas. En la ciudad empedernida (pero de ésta no dice el nombre) alienta el deseo de ver cómo el artista se desprende de un saliente y se mata.

Todos los cuentos
Antonio Pereira

Todos los cuentos

Antonio Pereira. Todos los cuentos.

El escalatorres

Un oficio que da muchas emociones es el de escalatorres, pero es un cuerpo en el que cuesta trabajo entrar porque ha quedado en manos de pocas familias.
Hay un escalatorres jubilado que relata su conocimiento eminente del país: los prados extendidos y los campos de mieses, las humildes chimeneas y los caserones humillados de los señores.
Pero no es lo mismo una torre de ayuntamiento que la experiencia desde cúpula de catedral. Y aun en ésta, la visión del escalatorres puede ser exaltada o serena, según sea gótico o románico el monumento al que se encarama. 
Con todo, lo que a él le importaba más era su facultad de descifrar la condición humana desde la altura.
Cuenta de ciudades cultas donde la escalada es como un concierto de música al que se asiste en silencio, ciudades avaras enumera donde el público desaparece a la hora de la colecta, pero también ciudades generosas y de brazos abiertos. En Osorno, provincia de Palencia, se cruzan apuestas sobre el espectáculo, sin descuidar por eso las barajas. En la ciudad empedernida (pero de ésta no dice el nombre) alienta el deseo de ver cómo el artista se desprende de un saliente y se mata.

Todos los cuentos
Antonio Pereira

viernes, 30 de diciembre de 2011

La casa de mi amigo

Roman Frances. Atardecer en el jardín.

La casa de mi amigo era más luminosa,
iba a decir,
y no sería eso,
porque en los vanos de mi galería
de sol a sol cegaban los pardales.
El claror de la casa de mi amigo
no sé de qué, de dónde provenía,
acaso de que al padre no le decían de usted
o de que el padre nunca hablaba
de crisis
no se vende
qué pensará el Gobierno.
El cuidaba sus largas escopetas,
la madre de mi amigo cuidaba sus largas manos,
a mí me llamaban para jugar.
Pero la luz más alta llegaba en los veranos,
venía en los vestidos de las primas,
no sé cómo mi amigo tenía tantas primas
y ellas tantos vestidos. Cada año
se enamoraba de una diferente,
siempre mayor que él y hasta más alta,
a mí me llamaban para jugar.
Con el tiempo aprendíamos lo oscuro,
las tardes de setiembre ensombrecían
como alacenas los pasillos hondos,
pero la luz estaba donde hubiera
una melena rubia, y el habla perezosa
que nos avergonzaba de la nuestra.
Qué brutos sois los chicos de este pueblo,
y aquel olor a lejos, como a puerto de mar.
Una mañana triste se marchaban
y ya nadie en el mundo dudaría
que iba a llover. Mi amigo
se vengaba en los pájaros.
Yo soñaba que ellas eran mis primas,
deben ser muy hermosos los pechos de las primas
temblando en los desvanes, pero a mí me llamaban
sólo para jugar.

La casa de mi amigo
Antonio Pereira