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jueves, 20 de agosto de 2009

El cabo Bojador

Fuente imagen:Jim Hill Media
La ciencia y la técnica en el descubrimiento de América
Capítulo II
Las ciencias físico-matemáticas
La geografía
Son los descubrimientos lusitanos los que incorporaron el África entera a la Geografía, pero mucho antes los habían precedido otros exploradores valerosos. Es preciso retrotraerse a los comienzos del siglo XIV, conocer las supersticiones que atemorizaban a los navegantes y saber el rudimentario estado de la náutica de entonces, y aun de un siglo después, para admirar debidamente el coraje de los mallorquines que en el primer tercio de aquella centuria se arriesgaron a llegar al mar tenebroso; expediciones de las que no queda noticia fidedigna, pero sí del fruto de sus descubrimientos, en los primeros portulanos mallorquines. Tal, por ejemplo, el de Dulceti o Dulcert, fechado en Mallorca en 1339, que traza la costa africana en mayor trecho -dicen algunos- que los portulanos italianos, los cuales llegan sólo hasta el cabo Bojador, considerado como límite meridional del mundo.
Se daba por cierto, como hecho incontrovertible, que las comarcas ecuatoriales eran inhabitables por su sequedad y altísima temperatura, y se suponía la existencia de una zona perusta, de acuerdo con el dogma aristotélico.
Se tenía por verdad sólida que al sur del cabo Bojador (caput fines Africae), situado en la costa africana no lejos de las Canarias, se extendía el temible Mar tenebroso, en el cual la mezcla de las aguas hirvientes del trópico, con las frías procedentes del polo, producía espesa niebla de vapores que mezclada con las arenas del desierto acarreadas por los vientos formaba una masa impenetrable. El finis mundi se había desplazado algo desde la antigüedad, pero no pasó hacia S-O de esa barrera que se suponía infranqueable. Ya no era el precipicio que bordeaba el Ecumene de los griegos, pero significaba algo equivalente al terrorífico pulmón marino, que describe Estrabón en los confines boreales del mundo entonces accesible.
La ciencia y la técnica en el descubrimiento de América
Julio Rey Pastor

martes, 18 de agosto de 2009

El pulmón marino

Estudio preliminar
Esta Toulé era la nec sit terris ultima Thule de Séneca, isla maravillosa situadada más allá de las Islas Británicas en la que, en el solsticio de verano los días carecían de noche, y en el de invierno, las noches de día; y donde no había ni tierra, ni mar, ni aire, sino una cierta mezcla de todos estos elementos, especie de pulmón marino resultante de la combinación de estas tres cosas, que flotaba indeciso en el espacio, y en el que ni los pies encontraban apoyo ni los barcos lugar donde acostar.

La Novela Griega
(Traducción, noticias preliminares y notas de Juan B. Bergua)
Juan B. Bergua

domingo, 16 de agosto de 2009

Mare Tenebrosum

Cristóbal Colón. Misterio y grandeza
Capítulo IV
El Atlántico y la navegación de altura
El Mar Tenebroso o la Mar Océana
......
Más allá de los estrechos espacios costeros, el Óceano se hacía impenetrable, desconocido para el hombre medieval.La Edad Media latina lo definía Mare Tenebrosum, mientras que los árabes lo llamaban Bahr al-Zulamat, que significaba "el Mar de Tinieblas". También para los árabes era el "Océano Circundante" e incluso al Bahr al-Atlasi o "Mar de las Montañas Atlas", versión exacta de la palabra Atántico.
Leyendas y supersticiones lo habían poblado de animales fantásticos, agresivos y tenaces que defendían aquel mar tenebroso en el que no existía -se decía- más tierra.Un mar por el que resultaba aventurado adentrarse y que no conducía a ninguna parte. El geógrafo musulmán El-Edrisi se expreseba así a mediados del siglo XII: "Nadie sabe lo que hay en ese mar, ni puede averiguarse, por las dificultades que oponen a la navegación las profundas tinieblas, la altura de las olas, la frecuencia de las enfermedades, los innumerables monstruos que lo pueblan y la violencia de sus vientos.Hay, sin embargo, en este océano un gran número de islas habitadas y otras desiertas; pero ningún marino se atreve a penetrar en alta mar, limitándose a costear sin perder de vista el continente".
Cristóbal Colón. Misterio y grandeza
Luis Arranz Márquez

sábado, 15 de agosto de 2009

La Zona Perusta

Pero nada estimula más la imaginación de los hombres, alimentando nuestros miedos y nuestras esperanzas, como lo desconocido.
Se habla de la zona perusta donde, según aquel Aristóteles, que todo lo sabía, jamás llueve, y las aguas hierven por el mucho calor, cocinando los maderos y desfondando las naves. Se habla de terribles monstruos marinos que surgen de entre el vapor de las aguas al sur del cabo de la Esperanza, y que atrapan y trituran los navíos como si fueran de azúcar. Se habla de las criaturas de las antípodas, que viven con la cabeza para abajo. De hombres con un solo ojo en la frente y que no ven más que el futuro. De otros, con un ojo en la nuca para ver el pasado, que son sus esclavos. De mujeres con cabeza de puercos y otras con pezuñas de yegua que andan por las selvas enloqueciendo a los viajeros con sus hermosos cuerpos y sus rostros de vírgenes. Se habla también de los hombres-plantas que tienen un solo y gigantesco pie fijo en el suelo que les impide todo movimiento y así nacen y mueren esperándolo todo de las lluvias y el sol. Y por supuesto también hay mujeres con cuerpo de reptil que se arrastran como las serpientes y hombres que ladran en lugar de hablar, y niños que gobiernan imperios y tratan a los viejos como si fueran niños, y también, ¿por qué no?, ardientes amazonas de un solo pecho que fuerzan a los hombres a satisfacerlas, y, en palacios de marfil y jade, reinas que cubren su desnudez con polvo de oro y princesas que defienden su virtud con una fina vuelta de diamantes tras la que reluce, inalcanzable, el delicado sexo, y luego, en el Maluco, adonde se dice que vamos, el clavo, la pimienta, el azafrán, la canela, para regresar los más ricos, y títulos, gobernaciones, y honores sin cuento.
Maluco. La novela de los descubridores
Napoleón Baccino Ponce de León