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jueves, 18 de agosto de 2022

En el camino

Robert Frank. Carretera US-285, Nuevo México


IV

Observé a los pasajeros. Había dos jóvenes campesinos de Dakota del Norte con viseras de béisbol rojas, que es el modelo habitual de gorro que usan los chicos campesinos de Dakota del Norte. Iban a la recolección; sus viejos les habían dado permiso para andar por la carretera durante el verano. Había dos chicos de ciudad, de Columbus, Ohio, jugadores de fútbol y estudiantes, chicle, guiños, cánticos, y diciendo que hacían autostop por los Estados Unidos durante el verano.
—¡Vamos a Los Ángeles! —gritaron.
—¿Y qué vais a hacer allí?
—Joder, no lo sabemos. Además, ¿eso qué importa?

Traducción de Martín Lendínez

En el camino (1957)
Jack Kerouac

lunes, 4 de mayo de 2015

Libro de los esbozos

Ilustración de Roberto Carbone.

Primavera en Long Island  (Fragmento)

Jovencitas de Levis
con culitos,
flexibles cinturillas
& costillas envueltas en
cazadoras grises,
faldas verdes,
las veo alejarse
con el inmenso
búnker de carbón del FC de L I
como telón de fondo.
Pero aún así
aspiro a escribir libros
creyendo en la vida...

Traducción de Eduardo Iriarte Goñi

Libro de los esbozos (1952-1957)
Jack Kerouac

sábado, 28 de julio de 2012

El vagabundo norteamericano

Jack Kerouac en Nueva York, fotografiado por Allen Ginsberg (1953).

El vagabundo norteamericano siempre está en la calle mientras haya policías, como decía Louis Ferdinand Céline, con "una línea de crimen y nueve de aburrimiento", porque no teniendo nada que hacer en medio de la noche, después que todo el mundo se ha ido a dormir, molestan al primer ser humano que ven caminando. Molestan hasta a los enamorados en las playas. Es que no saben qué hacer con su tiempo, en esos automóviles policiales de cinco mil dólares, con transmisores y receptores de Dick Tracy, sino molestar a todo lo que se mueve en el día o en la noche, todo lo que parece moverse independientemente de la gasolina, electricidad, ejército o policía. Yo también fui un vagabundo, pero tuve que desistir alrededor de 1956, a causa de los crecientes relatos de televisión sobre la abominabilidad de los forasteros, con morrales, que paseaban por los pueblos, completamente solos e independientes: una patrulla de tres automóviles me rodeó a las tres de la madrugada, en Tuckson, Arizona, cuando morral al hombro me dirigía a pasar una agradable noche bajo la brillante luna del desierto:
-¿A dónde vas? -me dijeron.
-A dormir.
-¿A dormir dónde?
-En la arena.
-¿Por qué?
-Tengo mi saco de dormir.
¿Por qué?
-Estoy estudiando los grandes paisajes.
-¿Quién eres? Muéstrame tus documentos de identidad.
-Acabo de pasar un verano trabajando en el Servicio Forestal.
-¿Te pagaron?
-Sí.
-¿Entonces por qué no vas a un hotel?
-Me gusta el aire libre, es más barato.
-¿Por qué?
-Porque estoy aprendiendo a vivir como vagabundo.
-¿Qué significa eso?
Querían que les diera una explicación de mi vagabundaje y estuvieron a punto de enjaularme, pero fui sincero y ellos terminaron rascándose la cabeza y diciendo: -Bueno, vete, si eso es lo que quieres-. No me ofrecieron llevarme en automóvil hasta el desierto.
 
Traducción: Revista Quimera.
 
El vagabundo norteamericano
Jack Kerouac

martes, 19 de abril de 2011

En el camino

Jack Spencer. Carretera a Livinsgtone, Montana.

-Maldita sea, chico, a esa velocidad vas a estrellarte. ¿No puedes conducir un poco más despacio?
-Claro, que me trague la tierra, ¿de verdad iba a ciento cincuenta? -dijo Eddie-. No me daba cuenta. La carretera es tan buena.
-Tómate las cosas con más calma y llegaremos a Grand Island enteros.
-Así será -Y reanudamos el viaje. Eddie se había tranquilizado y probablemente iba medio dormido. De ese modo recorrimos ciento cincuenta kilómetros de Nebraska, siguiendo el sinuoso Platte con sus verdes praderas.
-Durante la depresión -me dijo el vaquero-, solía subirme a trenes de carga por lo menos una vez al mes. En aquellos días veías a cientos de hombres viajando en plataformas o furgones, y no sólo eran vagabundos, había hombres de todas clases que no tenían trabajo y que iban de un lado para otro y algunos se movían sólo por moverse. Y era igual en todo el Oeste. En aquella época los guardafrenos nunca se molestaban. No sé lo que pasa hoy día. Nebraska no sirve para nada. A mediados de los años treinta este lugar sólo era una enorme nube de polvo hasta donde alcanzaba la vista. No se podía respirar. El suelo era negro. Yo andaba por aquí aquellos días. Por mí pueden devolver Nebraska a los indios si quieren. Odio este maldito lugar más que ningún otro sitio del mundo. Ahora vivo en Montana, en Missoula concretamente. Ven por allí alguna vez y verás lo que es la tierra de Dios. -Por la tarde, cuando se cansó de hablar me dormí. Era un buen conversador.

Traducción de Martín Lendínez

En el camino
Jack Kerouac

domingo, 20 de marzo de 2011

En el camino

Jack Kerouac fotografiado por John Cohen.

Ahora quería dormir el día entero. Así que fui al albergue juvenil a buscar habitación; no tenían, y por instinto deambulé hasta las vías del ferrocarril -y en Des Moines hay un montón- y encontré una vieja y siniestra pensión cerca del depósito de locomotoras, y pasé todo el día entero durmiendo en una enorme cama limpia, dura y blanca con inscripciones obscenas en la pared junto a la almohada y las persianas amarillas bajadas para no ver el espectáculo humeante de los trenes. Me desperté cuando el sol se ponía rojo; y aquél fue un momento inequívoco de mi vida, el más extraño momento de todos, en el que no sabía ni quién era yo mismo: estaba lejos de casa, obsesionado, cansado por el viaje, en la habitación de un hotel barato que nunca había visto antes, oyendo los siseos del vapor afuera, y el crujir de la vieja madera del hotel, y pisadas en el piso de arriba, y todos los ruidos tristes posibles, y miraba hacia el techo lleno de grietas y auténticamente no supe quién era yo durante unos quince extraños segundos. No estaba asustado; simplemente era otra persona, un extraño, y mi vida entera era una vida fantasmal, la vida de un fantasma. Estaba a medio camino atravesando América, en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el oeste de mi futuro, y quizá por eso sucedía aquello allí y entonces, aquel extraño atardecer rojo.

Traducción de Martín Lendínez

En el camino
Jack Kerouac

martes, 22 de febrero de 2011

Libro de jaikus

Jack Kerouac, en Nueva York. Fotografía de Allen Ginsberg.

La vieja charca, ¡sí!
el agua a la que saltó
una rana.

Lluvia gris de primavera
-y nunca podé
los setos.

Perfecta noche de luna
estropeada
por disputas familiares.

Las suelas de mis zapatos
están mojadas
de caminar en la lluvia.

Traducción de Marcos Canteli

Libro de jaikus
Jack Kerouac

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Haikú

Jack Kerouac. Fotografiado por Tom Palumbo.

La Generación Beat
es un grupo de niños
en el camino
que hablan del fin del mundo.

Haikú
Jack Kerouac

martes, 9 de marzo de 2010

En el camino

Jack Kerouac. Fotografía de Elliot Erwitt.

El mes de julio de 1947, tras haber ahorrado unos cincuenta dólares de mi pensión de veterano, estaba preparado para irme a la Costa Oeste. Mi amigo Remi Boncoeur me había escrito una carta desde San Francisco diciéndome que fuera y me embarcara con él en un barco que iba a dar la vuelta al mundo. Juraba que me conseguiría un trabajo en la sala de máquinas. Le contesté y le dije que me contentaba con un viejo carguero siempre que me permitiera realizar largos viajes por el Pacífico y regresar con dinero suficiente para mantenerme en casa de mi tía mientras terminaba mi libro. Me dijo que tenía una cabaña en Mill City y que yo tendría todo el tiempo del mundo para escribir mientras preparábamos todo el lío de papeles que necesitábamos para embarcar. El vivía con una chica que se llamaba Lee Ann; decía que era una cocinera maravillosa y que todo funcionaría. Remi era un viejo amigo del colegio, un francés que se había criado en París y un tipo auténticamente loco... no sabía lo loco que estaba todavía. Esperaba mi llegada en diez días. Mi tía estaba totalmente de acuerdo con mi viaje al Oeste; decía que me sentaría bien; había trabajado intensamente todo el invierno sin salir de casa casi nada; ni siquiera se quejó cuando le dije que tendría que hacer algo de autostop. Lo único que quería era que volviera entero. Así que, dejando la gruesa mitad de mi manuscrito encima de la mesa de trabajo, y plegando por última vez mis cómodas sábanas caseras, una mañana partí con mi saco de lona en el que había metido unas cuantas cosas fundamentales y me dirigí hacia el Océano Pacífico con cincuenta dólares en el bolsillo.

En el camino
Jack Kerouac

lunes, 1 de febrero de 2010

En el camino

Jack Kerouac. Fotografía de Tom Palumbo.
A medianoche, entonando esta cancioncilla:

Casa en Missoula,
Casa en Truckee,
Casa en Opelusas,
No hay casa para mí,
Casa en la vieja Medora,
Casa en Wounded Knee,
Casa en Ogalalla,
Mi casa nunca vi.

cogí el autobús para Washington; perdí algún tiempo callejeando por allí; me salí del camino trazado para ver el Blue Ridge, oir el pájaro de Shenandoah y visitar la tumba de Stonewall Jackson; al anochecer escupí en el río Kanawha y anduve por la noche hillbilly de Charleston, al oeste de Virginia; a medianoche Ashland, Kentucky, y una chica solitaria bajo la marquesina de un teatro cerrado. El oscuro y misterioso Ohio, y Cincinnati al amanecer. Después los campos de Indiana de nuevo, y por la tarde San Luis como siempre bajo las grandes nubes del valle. Los adoquines cubiertos de barro y los troncos de Montana, los barcos fluviales destrozados, los antiguos letreros, la yerba y las maromas junto al río. El poema interminable. Missouri por la noche, y los campos de Kansas, las vacas nocturnas de Kansas en los secretos desiertos, pueblos de cartón con un mar al final de cada calle; amanecer en Abilene. Los pastos del este de Kansas se convierten en las laderas del oeste de Kansas que llevan a la cima de la noche del Oeste.

En el camino
Jack Kerouac

domingo, 31 de mayo de 2009

Libro de jaikus

Jack Kerouac, fotografiado por Tom Palumbo, 1956.
Amanecer -el escritor
sin afeitar,
Absorto en sus cuadernos

México -después de un oscurecer
de mercados, la clara
San Juan de Letrán

¡Oh, me bebería
El Río Amarillo entero
Por amor a Li-Po!

Esperando el tren
las 4 de la tarde-
Sol en las nubes del oeste, oro

Libro de jaikus
Jack Kerouac

miércoles, 15 de abril de 2009

Libro de jaikus

Richard Cummins. Jack Kerouac Street, San Francisco. California
Las suelas de mis zapatos
están limpias
De andar por la lluvia

Chicas preciosas suben corriendo
los escalones de la biblioteca
Con esas minifaldas

El sonido del silencio
es toda la enseñanza
Que recibirás

Porque, caminemos los mismos o diferentes
caminos
A todos sigue la luna

Libro de jaikus
Jack Kerouac

martes, 3 de junio de 2008

On The Road

"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. "

JACK KEROUAC

En el camino.